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martes, 15 de enero de 2013

Diario de Paula.


             Diario de Paula.

1-Diciembre del 2012.
Querida Inés:
Hoy ha sido un día en el que me he hecho muchas falsas ilusiones. Demasiadas. Pero bueno empecemos por el principio del día; como mañana tenemos un examen de historia de dos temas me he quedado en casa a estudiar toda la mañana. Sí, lo sé, un planazo para un domingo por la mañana. Sigamos, Cristian c+jugaba un partido de fútbol por la tarde así que todos, me nos Andrea y Guille que se han quedado a estudiar, hemos ido a ver el importante partido.  ¿A qué no sabes lo que ha pasado en el descanso? Dani ha salido a la calle porque tenía que hablar conmigo de un tema muy importante. ¡Va a dejar a Miriam! No me lo podía creer, me sentía como si estuviera flotando en una nube, la nube más alta que había en el cielo. Pero bajé de la nube más rápido que subí. Cuando llegué a mi casa, encendí el ordenador y me conecté al Tuenti. Dani estaba conectado y estuve hablando con él un rato. Un rato que, aunque suene mal decirlo, fue el peor momento de mi vida. En esa conversación me confesó todo. Todo lo que yo no quería saber.
A través de la red social, terminamos nuestra conversación pendiente en las escaleras del polideportivo. Me dijo que su princesa, la chica perfecta para él, sería alguien como yo. Durante cinco segundos tuve la esperanza de ocupar ese puesto en su vida, pero solo durante cinco segundos. Más tarde me dijo que no me hiciese falsas ilusiones, que me quería muchísimo como amiga. Nada más. Una amiga.
La verdad es que me encanta ser su amiga, pero…llevo muchos años igual y me gustaría que eso cambiase. Pero sólo él lo puede cambiar.  Cristian dice que a veces las cosas no son como uno las espera. Y yo tengo una teoría diferente; a veces las cosas no son como uno las pinta. Y, por ahora, mi teoría es la que se cumple.
Bueno, mañana será  otro día Inés.

Paula se levanta de su cama y guarda su diario en un cajón bajo llave. Nadie, excepto ella, sabe que lo escribe.
Desde la trágica muerte de Inés, Paula tenía miedo de olvidarse de ella. Y eso era algo que no quería que ocurriese, así que decidió escribir un diario dedicado a Inés. Y en él escribiría todo lo que le pasara. Porque sabía que, estuviese donde quiera que estuviese, a Inés le encantaría que se lo contara.




Capítulo: 10


                     Capítulo: 10



                              
Lleva en casa un cuarto de hora desde que volvió del partido de Cristian. No deja de pensar en la conversación que ha tenido con Dani en las escaleras del polideportivo y en la frase más importante que quedaba por terminar. Alguien como...¿quién? Paula no deja de pensar en esa palabra que ocupa ese espacio tan importante para ella en la frase. Solo tiene una cosa clara, la persona que tiene menos posibilidades de ocuparlo, es ella. Dani nunca se fijaría en una chica como ella. Él se merece algo mucho mejor.
Cansada, se sienta en la cama con el portátil sobre las rodillas y entra en el Tuenti. Piensa que ninguno de sus amigos iba a estar conectado ya que, como siempre, estarían estudiando el examen de mañana a última hora. Teclea su cuenta y su contraseña y entra en la red social. Y, como ella pensaba, ninguno de sus amigos está conectado. La han etiquetado en una foto, con el ratón, pincha sobre ella para ver de que foto se trata. Al verla se sorprende, es una foto de ella al lado de Dani cuando eran pequeños. No puede evitar sonreír al ver la foto. Que recuerdos. De pronto, en la pantalla de su monitor, aparece un mensaje de la foto que estaba mirando. Dani.
-Hola, peque- saluda desde la red social.
-¡Hola!
-¿Ya has terminado de estudiar?
-Sí, terminé hace tres días. ¿Y tú?
-Terminé ayer de repasar todo.
Paula sonría al leer la última frase. Dani no es como todos los demás, dejado e irresponsable. Él es cuidadoso, respetuoso y de lo más protector. Y, según Paula, él chico perfecto.
-Bueno, ¿qué tal estás?
-Bien ¿y tú?
-Pensando en nuestra conversación en las escaleras.
Ella también lo hace, cada instante que pasa, no puede evitar pensar en esa frase cortada. La frase más importante.
-¿De verdad me vas dejarlo con Miriam?- le pregunta Paula aun incrédula.
-Sí. No aguanto más que pase de mí y tonteé con todos los que pasan a su lado.
Si Paula estuviera con él, ella nunca le haría eso, estaría pensando en él las veinticuatro horas del día. Única y exclusivamente para él. No existiría en la faz de la Tierra ningún otro chico para Paula.
-Tonta es por hacer eso- escribe Paula arrepintiéndose nada más enviar el mensaje. Podía haber sido demasiado atrevida.
Daniel manda a su amiga un icono de una cara riéndose. Le encanta cuando suelta lo primero que piensa, le guste a las personas o no.
-A veces pienso que es culpa mía que ella actúe así- escribe el joven- puede que, en el pasado, me haya pasado un poco tonteando con muchas otras y teniendo novia a la vez y Miriam me quiera hacer ver lo que yo hice hace mucho tiempo. Pero ya no soy así, he cambiado y, como ya te dije antes, yo no quiero a una princesa.
-¿Entonces que tipo de chica sería la perfecta para ti?- pregunta Paula curiosa- es que estuviste a punto de decírmelo en las escaleras del polideportivo y, sino recuerdo mal, Marcos nos cortó.
-No se te escapa una ¿eh?- escribe gracioso.
-Es que era la frase más importante de nuestra conversación.- dice Paula- Así que dime, ¿alguien cómo quién?
¿Se lo dice o no se lo dice? Es su amiga y la quiere, pero, lo último que desea es que se haga falsas ilusiones. Si es sincero con ella, la chica perfecta para él sería Paula, pero ahora no siente nada por ella, llegó a sentirlo hace mucho tiempo, pero desapareció.
-Alguien como tú. Si te soy sincero Paula, tú serías mi chica perfecta.
Vale, ¿dónde está la cámara oculta? Paula no puede creerse lo que acaba de leer. Es demasiado bonito como para ser cierto.
-¿Yo?
-Sí, pero no quiero que te hagas falsas ilusiones. Eres mi mejor amiga y te quiero muchísimo, pero nada más.
Como decía, había sido demasiado bonito como para ser verdad. Y, en cinco segundos, se sentía la persona más tonta del mundo. ¡Cómo podía haber llegado a pensar que ella iba a ser en cinco segundos la novia de Dani! Eso era de locos…
-Dani…tengo que irme, mis padres me están esperando para cenar.
-¡Espera! ¿No estás enfadada, verdad?- escribe él preocupado.
Paula no le va a contar nada de lo que siente, así que no puede saber que sus ojos ahora están mojados.
-No, tranquilo. Nos vemos mañana. Muchos besos.
-Adiós, Paula.










Capítulo: 9


Capítulo: 9


El resultado final termina siendo dos a uno con el gol definitivo en el último minuto. Un gol de Cristian dedicado a todos sus amigos.
Al terminar el partido, Cristian fue corriendo a las duchas. Cuando se termina de duchar, coge la ropa con la que había venido y se la pone, se mira al espejo para peinarse el flequillo y colocarse el pirscing en el labio inferior. Por último, se despide de todos sus compañeros de equipo y sale del vestuario.
Al salir, con la mochila cargada al hombro, sus ojos se cruzan
con la mirada celeste de Oriana, la novia de Hugo. Él es uno de los compañeros de equipo y uno de los mejores amigos de Cristian.
-¿Ya te vas?- le pregunta Oriana apoyando su espalda contra la pared.
Al oír la voz de la chica, Cristian se para en seco y se da la vuelta para responderla:
-Sí- dice muy serio- y tú deberías hacer lo mismo. Hugo va ha tardar por lo menos un cuarto de hora en salir de las duchas.
-No tengo prisa.
-Bueno, pues yo sí, me están esperando. Adiós.
-Adiós, rubio.
Cristian volvió a pararse, pero esta vez no se dignó a mirarla.
-Te he dicho mil veces que no me llames así. Soy Cristian, para ti y para todo el mundo.
Atraviesa el pasillo y sale al pabellón, allí estaban todos sus amigos esperándole.
-¡Enhorabuena por el partido!- grita Raquel eufórica y saltando para abrazarle.
-Gracias, hemos jugado bastante bien.
-Sí, la verdad es que sí- dice una voz detrás del grupo de amigos. Es Hugo, el compañero de equipo de Cristian, y no iba solo, agarrada a su mano está Oriana.
-Vamos cariño, los dos sabemos que Cristian ha jugado mil veces mejor que tú- dice Oriana pillando a Hugo desprevenido.
-¡Menuda novia tienes tío! Te hecha cada piropo que bueno...¡Qué joya!- grita Marcos indignado por el comentario de la chica. Odia a las chicas así. Su niña, o como así la llama él, es muy diferente a las demás. Ella es dulce, simpática, sencilla, y vulnerable. Pero solo hay un pequeño problema, ella no es suya. Verónica solo es la niña, la niña de sus ojos.
Desde el año pasado, los sentimientos de Marcos hacia la chica fueron aumentando cada día. Nunca se había enamorado de nadie hasta el veintiséis de Octubre del 2011.

-¡Por favor, Gutierrez! ¡No es tan complicado despejar la incógnita de esta ecuación!- grita el profesor de matemáticas alterado- Siéntese.
Marcos abandona la pizarra y se sienta en su sitio, al final de la clase.
Todos sus compañeros estaban sentados por parejas. Todos, excepto él.
Siempre se comportaba mal en clase, pasaba de la profesores y no le importaba nada los estudios. Su teoría era que, tal y como estaba el país, estudiar no serviría para nada. No iba haber trabajo de todas formas...
-Bueno quiero que todos vayáis a la página...- decía el profesor de matemáticas, hasta que es interrumpido por el timbre que anunciaba la hora del recreo.
-Marcos y Verónica, esperad, quiero hablar con vosotros un momento- les dice el profesor.
Vero y Marcos se acercan a la mesa del profesor, que les recibe con los brazos cruzados y apoyado en el respaldo de su silla.
-¿Supongo qué sabrá porque le hago llamar Gutierrez?
-Sí, lo que no sé es porque la ha llamado también a ella.
Verónica mira de reojo a Marcos, es un chico extraño. Quiere aparentar ser duro pero, en el fondo, ella sabe que no es así.
-He llamado a la señorita Méndez porque quiero que te ayude en tus estudios, ya que es de las más aplicadas de toda la clase. Eso sí, con la aprobación de Verónica.
Vero dudaba en su repuesta, puede que Marcos no quisiera que ella le ayudase.
-Claro, me encantaría ayudar a Marcos.
-¿Y a usted le parece bien mi propuesta?
-Sí, por mí perfecto, será divertido- dice el joven mirando a Vero.
-No hago esto para que se divierta, sino para que apruebe y pase de curso. No me gustaría que usted repitiera.
Molesto por el comentario de su profesor, Marcos abandona la clase con paso ligero. Verónica corre tras él, pero no antes sin despedirse del profesor de matemáticas.
-¡Eh, Marcos, espera!- grita Vero.
El joven se detiene en seco y se gira para mirar a la chica.
-¿Qué?- dice él enfadado.
-Te dejaste esto en la clase, se te cayó cuando salías- le dice ella entregándole un cuaderno amarillo.
Marcos se queda mirando fijamente los ojos marrones de la chica. Esa mirada le transmite tranquilidad, se siente diferente, como si su manera de chico duro menguase y saliese al exterior su faceta de chico bueno.
-Gracias y, perdona por como te he contestado antes. No era me intención.
-No pasa nada, tranquilo- le dice Verónica con una gran sonrisa de oreja a oreja- yo también quería disculparme por abrir tu cuaderno sin permiso, pero me picaba la curiosidad. Lo siento.
De pronto Marcos ve como Vero se sonroja. Es preciosa, puede que ella sea la chica más guapa que ha visto nunca.
-No pasa nada, te habrás aburrido al ver lo que hay dentro.
-¡Para nada!- salta automáticamente Verónica- si te soy sincera tus dibujos son increíbles. ¿Siempre has dibujado?
-Sí, desde pequeño. Y nunca he ido a ninguna academia de pintura- dice Marcos muy orgulloso- siempre que me siento triste o preocupado, dibujo. ¿Si quieres cuando quedemos para estudiar te enseño muchos más que tengo?
-¡Claro, me encantaría!- responde alegre ella. Otra vez esa sonrisa que vuelve loco a Marcos.
-¡Perfecto! Pues, ¿nos vemos esta tarde a las seis en mi casa para estudiar?
-Allí estaré. Adiós.
-Adiós- dice en muy sonriente.
Pasaron la tarde en casa de Marcos, esa y muchas otras. Gracias a esas clases particulares que Verónica le daba a Marcos, se hicieron inseparables y los sentimientos hacia la chica, afloraron en el interior del joven. Pero él sabía que el corazón de Vero pertenecía a Cristian. Y, ya era hora de cambiar eso.








Capítulo: 8


                                 Capítulo: 8


No se puede creer lo que acaba de pasar. Está tumbada en su cama, al lado del chico de sus sueños que le está agarrando la mano. Y lo mejor es que él, siente lo mismo por ella.
-¿Por qué no me lo habías contado antes?- le pregunta Guille a Andrea.
-Porque pensaba que tú no sentías lo mismo y, por miedo a romper nuestra amistad, no te dije nada estos años.
Guille cambia de postura y se coloca de lado para poder mirar a Andrea. Es preciosa. Sus ojos azules tienen un brillo especial que nunca antes había visto, ¿será por él?
-Además, tu podrías tener a cualquier tipo de chica y pensaba que no te conformarías conmigo.
A Guille le coge desprevenido lo que le dice Andrea. Se acerca un poco más a ella y le besa en la mejilla.
-Pues ya ves que no es así.
A Andrea le cuesta creer todo lo que ha sucedido en tan pocos minutos. Nunca se habría imaginado que, el que un pie se le hubiera dormido, ocasionaría que su sueño se hiciese realidad.
-¿Sabes una cosa?- le pregunta ella.
-Dime.
-Al final Alfonso X se ha quedado marginado de nuestros planes de estudio, ¿no?
-Sí, bueno…un poco- le dice Guille con una sonrisa.
Andrea se le queda mirando un rato esperando a que diga algo pero se pierde en el verde de sus ojos. ¿Cómo puede estar él con ella? Físicamente ella no está mal, pero nunca llegó a pensar que podrían tener algo juntos y que su secreto saliese a la luz en tan pocos segundos.
-Aún no me lo creo- le dice Andrea frotándose los ojos con ambas manos.
-¿El qué?
-El que tú y yo estemos juntos. Sigo pensando que estoy soñando y que pronto me voy a despertar.
Mientras hablaba, uno de sus rizados y rubios mechones la tapaba los ojos, pero Guille no tardó en apartárselo de la cara mientras le sonreía.
-¿Sabes una cosa?
-Que.
-Voy a hacer todo lo posible para que te lo termines creyendo. Y, voy a hacer todo lo posible para que esto sea para siempre.
Andrea coloca sus manos alrededor del cuello de Guille y le besa despacio, saboreando cada segundo de ese momento mágico.
-Te quiero- le dice Andrea con los ojos aún cerrados. Guillermo no deja de de sonreír cada vez que ella le dedica esas dos palabras.
-Mira, quiero que escuches esto- le dice el chico.
Guille se levanta de la cama y se acerca al portátil encendido de Andrea.
-¿El qué?- pregunta ella intrigada.
Guillermo teclea en el buscador de Internet la página de Youtube.
-Quiero que escuches una canción que- le dice el joven a Andrea cogiéndola de las manos y ayudándola a ponerse de pie- explica a la perfección todo lo que siento por ti.
-¿Eres así de romántico siempre?
-Es una de mis facetas.
Ambos intercambian sonrisas, hasta que Guille se acerca al ordenador y escribe el nombre de la canción. Empieza a sonar Solo para ti de Danny Romero.
El primer minuto de la canción, Andrea se queda mirando fijamente a la pantalla del ordenador siguiendo la letra de la canción mientras una lágrima de felicidad desciende por su mejilla.
-¿Estás llorando?
-Sí, pero es de lo feliz e identificada que me siento al escuchar esta canción. Es preciosa.
Guille se acerca a su chica y, con el dedo pulgar, le retira la última lágrima de su cara.
-Como tú.
Ahora es Guille quien besa los labios de Andrea de la misma manera que ella le había hecho anteriormente. De repente, el móvil de la chica comenzó a sonar interrumpiendo el momento de los dos adolescentes.
-¿Diga?- pregunta Andrea.
-Hola Andrea, soy mamá. La fiesta se ha cancelado y llegaremos a casa en un cuarto de hora.
-A...eh...Vale, aquí os espero- tartamudea ella.
-Hasta ahora hija.
-Adiós.
Andrea se guarda nerviosa en móvil en se bolsillo y se lleva las manos a la cabeza.
-¿Qué pasa?- pregunta Guille.
-Tienes que irte mis padres están a punto de llegar y me matan si nos ven aquí juntos. Ya sabes como es mi padre con esos temas.
Rápidamente Guillermo coge su abrigo y, junto con Andrea baja rápidamente las escaleras de la casa.
-Nos vemos mañana.
-Adiós- le dice Andrea dándole un beso cortito en los labios. Cierra la puerta y se sienta en el suelo. Había sido la mejor tarde de su vida.












Capítulo: 7


Capítulo: 7







El árbitro pita el final del primer tiempo. Todos los jugadores tienen quince minutos de descanso, y Paula tiene quince minutos para explicarle todo a Dani.
Está sentada entre Verónica, que no deja de mirar a Cristian, y Marcos que parece más callado de lo normal. Alguien, sentado detrás de Paula le da unos toquecitos en el hombro que hacen que se sobresalte.
-¿Podemos hablar a solas?- le pregunta Dani susurrando. Paula no dice nada, solo asiente con la cabeza.
-Volvemos enseguida- les dice Daniel a los demás.
Paula se pone de pie y sigue a su amigo hasta la calle. L cielo está encapotado de nubes y hace mucho frío. Un escalofrío recorre el cuerpo de Paula.
-¿Estás bien?- le pregunta Dani.
-Sí, solo tengo un poco de frío- le responde ella frotándose los brazos con las manos- ¿Tú no?
-No, digamos que soy inmune a él- le contesta con risas.
-Eso no lo sabía.
-Hay muchas cosas de mí que tu no sabes.
Y le encantaría descubrirlas. Pero su timidez y su miedo le impiden hacerlo.
-Tú tampoco sabes todo de mí.
-Es cierto- le empieza a decir Dani mientras se aproxima más y más a Paula. Con cada paso que da, ella se pone más nerviosa- antes, cuando estabas hablando con Vero, dijiste que nunca pasaría nada entre vosotros. ¿A quién te referías?
Paula no contesta de inmediato, su cabeza solo trata de pensar en la mejor respuesta que le puede dar.
-Nada, es una tontería. Olvídalo no te preocupes.
-Paula- le comienza a decir el chico- sabes que te quiero y me preocupas mucho. Y que, si alguien te hiciese algo, yo sería el primero en actuar.
-Lo sé, y lo mismo te digo. Sabes que puedes contarme cualquier cosa y yo haré todo lo posible por ayudarte.
Dani clava sus ojos castaños en los de la chica y la abraza. Es su mejor amiga y la quiere muchísimo. Estaría en un pozo sin fondo si no llega a ser por sus consejos y todo el apoyo que siempre le ha dado. Y él siempre ha estado ahí para protegerla. Para Dani, Paula era una chica tímida, indefensa, lista, amable… todo lo bueno que se le pueda ocurrir a una persona, Paula lo tenía.
-Gracias, de eso quería yo hablarte. ¿Has leído el privado que te he mandado al Tuenti?
-Sí.
-Bueno pues…he tomado una decisión y necesito saber que piensas.
-Dani, me estás asustando- dice Paula tapándose la boca con la mano izquierda. Pero pronto la aparta, cuando él le sujeta la otra mano, acariciándola e intentando tranquilizarla.
-Tranquila, no tienes de que preocuparte.
Paula asiente con la cabeza y deja hablar al chico.
-Voy a dejar a Miriam.
Espera, rebobinemos. ¿Ha dicho qué va a cortar con su novia? ¡Sí! Ahora es la parte del sueño en la que Paula se despierta, disgustada. Pero, hoy, sentados en esas escaleras del polideportivo, con le frío de noviembre, Dani lo ha hecho realidad.
-Pero, ¿por qué?
-Porque a ella no le importa que estemos juntos, tontea con todos y a todas horas. Y, y no quiero a una chica que pase de mi las veinticuatro horas del día. Quiero a una chica que me haga feliz.
Paula nunca lo había oído hablar así. Puede que no esté todo perdido. Puede que ella sea esa chica, la que lo haga feliz.
-Parece que ninguno de los dos encuentras a su media naranja.
-¿Tú no has encontrado a tú príncipe azul?
-No, ni tú a tu princesa.
-Yo no quiero una princesa. A mí no me interesa la corona, ni el castillo, ni que sea la más guapa del reino. Solo quiero a una chica buena, divertida, sincera, alguien como…
-¡Chicos, la segunda parte está a punto de empezar! ¡Daros prisa!- les grita Marcos que acaba de aparecer por la puerta.
Esto es ser oportuno y lo demás tonterías. ¡Qué rabia! Paula se va a quedar sin sabre la palabra clave de la frase.
Los dos se levantan de las escaleras y entra por la puerta del polideportivo.
Cuando entran en el pabellón, Dani dirige su mirada a el marcador. Empate a cero. Paula mientras tanto se sienta en las gradas entre Raquel y Verónica.
-¿Ha pasado algo?- le pregunta Raquel.
-No- responde pensando en aquella frase sin terminar- nada.
















Capítulo: 6



                                    Capítulo: 6




-Adelante, pasa- dice Andrea haciéndole un gesto con la mano a Guillermo para que entrase en la casa.
-Gracias.
Estaba preciosa. Llevaba la camiseta blanca con Mickey Mouse en color negro que él le regaló cuando cumplió los quince años. Unos vaqueros negros y su larga melena rubia, la adornaba un pequeño lazo negro como los pantalones.
Los dos se pusieron a subir las escaleras del chalet donde vivía Andrea. Era uno de esos que construyeron hace poco a las afueras de la cuidad. Entraron en su habitación. Olía a canela, como ella. Y a Guille le encantaba.
-¿Te has traído el libro de sociales?- le pregunta Andrea al chico.
-No, lo siento. Con las prisas se me ha debido de olvidar en mi casa. Tendremos que usar el tuyo para los dos.
-Perfecto, además, mientras venías hacia aquí, me ha dado tiempo a estudiar hasta el ultimo tema. Como tú.
-Pues si que has estudiado rápido, no me ha costado mucho llegar a tu casa.
-Es que hay cosas de mí que no conoces.
Andrea sonreía a su amigo. Y él se divertía con su sonrisa. Siempre lo hacía.
La joven fue a coger una silla para que Guille se sentase, pero era muy pesada para llevarla ella sola y Guillermo se dio cuenta. En escasos segundos, Guillermo acudió a ayudar a Andrea. Terminó por quitarle la silla de las manos y llevarla él mismo al lado de la otra.
Andrea lo contemplaba desde una de las esquinas de la habitación. Guille siempre era muy amable con ella. Cuando estaba en apuros, él siempre estaba ahí para protegerla y cuando estaba pasando por una mala racha siempre tenía un amigo con quien hablar y un hombro en el que llorar.
Se acercó a la mesa donde iban a estudiar y se sentó en una de las dos sillas.
Andrea abrió su libro de sociales, lleno de dibujos hechos con rotulador negro, por la página que les tocaba estudiar.
-Bueno, empecemos. Alfonso X- dice Andrea.
-Un hombre muy sabio jeje.
Los dos se callaron y comenzaron a leer las páginas del libro de historia. El aburrido libro de historia.
-¿Has terminado ya con esta página?- le preguntó Andrea a Guillermo.
-Sí, puedes pasarla.
-Vale.
Andrea se moja un poco las puntas de los dedos con saliva para poder pasar sin problemas la página.
De repente, un ruido que venía de las tripas de Guille, le sacó un pequeña sonrisa a Andrea mientras el chico se moría de vergüenza.
-Traeré algo de comer- dice Andrea.
-Gracias- responde Guille poniéndose una mano en el estómago.
Andrea salió de la habitación y bajó las escaleras que conducían a la cocina.
Guillermo se quedó solo, maldiciendo en silencio aquel momento. ¡Había hecho el ridículo delante de la chica de su vida!
Mientras tanto en la cocina, Andrea cogía un paquete de galletas y lo vertía en un cuenco de color azul con topos blancos. Lo coge entre las dos manos, sube las escaleras, abre la puerta de su cuarto y accidentalmente, choca contra Guille. El recipiente cae al suelo y se rompe en mil pedazos. Andrea se agacha para recoger todo lo que hay en el suelo. Guillermo no duda ni un segundo en ayudarla.
-¡Qué torpe soy! ¡De verdad, cuánto lo siento!- dice Guille procurando que Andrea no se corte con los trozos rotos.
-No pasa nada, tranquilo.
-Perdóname, lo siento muchísimo.
-Guille, tranquilo no pasa nada, de verdad. Le podía haber pasado a cualquiera.
Guillermo levanta la vista y ve la tranquilizadora sonrisa de Andrea. Esa sonrisa que tanto le gusta.
La chica coloca los pedazos rotos en su mano de manera que no se pueda cortar con ninguno de ellos. Ambos se levantan para ponerse de pie. Pero, al ir a apoyar el pie, Andrea nota que se le ha dormido y se tambalea hasta llegar a caer en los brazos de Guille que la sostienen. Los dos se miran a los ojos durante unos pocos segundos, hasta que Andrea cede en apartar la mirada al darse cuenta de que se ha puesto colorada y él lo ha notado.
Guillermo no puede más, recuerda las palabras que Cristian le ha dicho por teléfono: a veces la cosas no son como uno piensa. Él puede cambiar las cosas en ese mismo instante. Debe cambiarlas. Ahora que Andrea ha vuelto a mirarlo, le sujeta la cara con las dos manos y besa los rosados labios de la chica.
En las películas, ahora es cuando la chica le pega una bofetada al chico. Pero eso pasa en las películas, no en la habitación de Andrea. Allí ella se deja llevar por lo que siente y le devuelve el beso a Guille. Un beso que siempre lo estuvo guardando para él.


Capítulo: 5


Capítulo: 5.






Ha sido la primera en llegar junto con Paula. Las dos se encontraron de camino al partido y decidieron ir juntas. Cuando llegaron, Paula le avisó a su amiga de que iba al baño y verónica entró en el pabellón donde se iba a disputar el partido de Cristian. Ahora estaba sentada en la segunda grada esperando a sus amigos. La primera en llegar fue Paula, que no había tardado en llegar del lavabo. Se sienta al lado de Verónica.
-No creo que los demás tarden en venir- dice Paula.
-Guille y Andrea no vienen, se quedan a estudiar juntos el examen de mañana. Raquel y Marcos seguramente estén discutiendo, pero apunto de llegar y Cristian y Dani vienen juntos.
Al oír el nombre del chico a Paula se le dibuja una sonrisa en la cara. Recuerda lo que Dani le decía en el privado del tuenti. Tiene muchas ganas de verla. ¿Para qué? No lo sabe. Pero, solo por el motivo de verla, ella es feliz.
-He oído que Miriam y Dani han discutido- le dice Vero a Paula.
-¿En serio?
-Sí, resulta que Dani vio a Miriam tontear con otro chico. Y, ya sabes lo celoso que es él.
-Lo sé.
-Pensaba que te interesaría esta información.
Paula gira su cabeza hacia Verónica que sonríe de forma pícara. Y eso era mala señal.
-¿Por qué iba a interesarme?
-Vamos Paula, se te nota que estás coladita por la huesos de Dani. No tienes que ocultar nada.
De repente, Paula se había puesto mas colorada que un tomate. Le daba mucha vergüenza admitir la realidad.
-¿Tanto se me nota?- le dice Paula tapándose la cara con las dos manos.
-Sí. Cuando estás con él, o incluso, cuando estamos todos no dejas de mirarle y si te pide opinión o te pregunta algo, te pones muy nerviosa. Tartamudeas, no dejas de mover las manos y te muerdes el labio inferior.
Tiene razón, y Paula lo sabe. No puede ni mirarle a los ojos durante un minuto seguido. Se pone realmente nerviosa cuando están juntos. Y, él seguramente, lo haya notado ya.
-No lo puedo evitar. Le quiero desde que lo conocí, prácticamente.
Vero le muestra una sonrisa a su amiga y le da un fuerte brazo acompañado de un sonoro beso en la mejilla. Paula se merece todo y más. Es una chica muy tímida, dulce, amable y le afecta mucho lo que digan o piensen los demás. Pero, todo eso, la hace las más especial del grupo. Todos la quieren.
-¿Él sabe algo?- pregunta Verónica- sabe lo que sientes por él.
-¡No!- salta Paula automáticamente- y nunca lo sabrá.
-¿Por qué?
-Porque Dani nunca se fijaría en una chica como yo- dice Paula dando un vuelta sobre sí misma- ya has visto con las chicas que sale. Por ejemplo, mira a Miriam, esa chica tienes dos razones por las que puede gustarle a Dani. ¡Dos grandes razones, Vero!
Verónica no podía aguantar las ganas de reír. Con la mano derecha se tapa la boca para que no se oiga tanto su escandalosa risa. Y, cuando ya pudo calmarse y hablar, se dirigió a Paula.
-Tía, eres lista, amable, inteligente, dulce, preciosa y un montón de cosas más. Cualquier tío se fijaría en ti.
-Pero a mí no me sirve cualquiera. Le quiero a él.
-Pues si solo le quieres a él, lucha por conquistarlo. Al igual que yo voy a hacer con Cristian.
-Vero, por enésima vez, nunca pasaría nada entre nosotros.
-¿Entre quiénes?- pregunta una voz al lado de las chicas.
No podía ser, Dani y Cristian habían llegado y la pregunta era de lo menos oportuna, y lo mismo pasaba con quien la había hecho. El amor de Paula.
Ahora sí que iban a tener que hablar. Y muy seriamente.



















             

Capítulo: 4


                          Capítulo: 4

La novia caminaba del brazo de su padre por el pasillo de la iglesia que llevaba al altar, donde les esperaban, nerviosos, el cura y, por supuesto, el novio. En los bancos  de la derecha estaban los familiares de a novia  y en los de la izquierda los del novio. Sentado en el primer banco del lado derecho, había un niño rubio peinado de lado, de ojos castaños y vestido de blanco de la cabeza a los pies. Se llamaba Marcos, el hijo de Belén, la novia y futuro hermano de Raquel, la hija de Paco, el novio.
Raquel era una niña de pelo negro como el ala de un cuervo y ojos oscuros como la noche. Llevaba puesto un vestido de color malva y, su cabeza, se veía adornada de pequeñas flores blancas.
Desde que los dos niños se conocieron no se llevan muy bien. Discutían, se peleaban y no podían verse ni en pintura.
Durante la ceremonia, Marcos no paraba de sacarle la lengua y ponerle caras de asco a Raquel. Ella, como de costumbre, no le hacía caso. Pasaba de él. Se dedicaba a juguetear con los adornos de su vestido.
Cuando ambos se enteraron de la noticia de que sus padres se iban a casar, Marcos y Raquel hicieron lo imposible para que esa boda no se llevase a cabo. Era en lo único que estaban de acuerdo. En arruinar la vida amorosa de sus padres. Pero ninguna de sus estrategias daba resultado. Siempre les terminaban pillando con las manos en la masa y siempre decían la misma frase: ‘’¡Castigados, a jugar juntos!’’  ¡Jugar juntos! ¡Qué padres mandan jugar juntos a sus hijos! Supuestamente, jugar con un hermano, no es un castigo para un niño. Pues, para raque y Marcos…¡Sí! ¡No había nada peor! El tener que compartir las cosas de Marcos, las impregnaba de los gérmenes de Raquel. Y viceversa. Vivir bajo el mismo techo era insufrible.
Eso era hace siete años, aunque ahora las cosas no es que hayan cambiado mucho, pero por lo menos, se soportan.
-¿Quiénes van al partido de Cristian?- le pregunta Marcos a su hermana.
-Paula, Daniel, Verónica, tú y yo.
-¿Y Guille y Andrea?
-No, van a estudiar el examen de sociales de mañana.
-¿Tú has estudiado?
-No.
-¡Así te va!
-¡Para ser modelo, no hay que estudiar!
-¡Sí!
-¡No!
-¿Sabes qué? ¡Paso de ti!
-¡Vale!
Marcos entra en la cocina para coger un vaso de agua. Le encantaría llevarse bien con Raquel, pero a veces es incorregible y eso la hace de lo más insoportable. Pero en el fondo, muy en el fondo, la quiere mucho. Y ella también lo quiere a él, aunque ninguno de los dos lo demuestre.
En su habitación, Raquel termina de arreglarse. Camina hacia su tocador y se mira en el espejo. Coge todo lo necesario para pintarse los ojos.
Muchas veces le ha oído decir que le gustan las chicas bien pintadas, sin pasarse.
Cuando los ojos están perfectamente pintados, busca una barra de labios rosa claro y se los retoca. Lista.
¡Qué ganas de verle! Cristian es muy especial para ella. Es verdad que ha salido con muchos chicos y la ven como un rollo de una noche. Nunca fue una chica difícil, ni de relaciones largas. No como sus amigas. Andrea salió con un chico de su clase durante un año y medio, pero su corazón siempre perteneció a Guillermo. Paula nunca ha salido con nadie, pero se le nota en los ojos que esconde algo. Y Verónica… con ella no se habla desde que confesó sus sentimientos hacia Cristian, sabiendo lo que ella sentía por el chico. Hola y adiós, esa es su conversación con Verónica. Le sentó muy mal que sienta lo mismo por Cristian, supuestamente eran amigas, y eso no se lo hacen las amigas. Y, además, en el amor y en la guerra todo vale.
-Será mejor que nos vayamos ya o llegaremos tarde- le dice Marcos que acaba de entrar en su habitación.
-De acuerdo. Le escribo una nota a mamá y nos vamos.
-Vale.
Raquel arranca un trozo de papel de un folio, coge un bolígrafo y le escribe:

Mamá, Marcos y yo nos vamos a ver el partido
de fútbol de Cristian.
Un beso:
       Raquel.

-Ya está, nos podemos ir.
-Muy bien.
Raquel abre la puerta para salir de la casa hasta que el brazo de su hermano la retiene.
-Raquel, siento mucho haberte gritado antes. Creo que ya es hora de que nos llevemos mejor, como unos hermanos de verdad.
Antes de contestarle, Raquel decide dedicarle una sonrisa a Marcos. Él siempre la estaba protegiendo y  ayudando y, ella no se lo agradecía de ninguna forma.
-Yo también te pido perdón por lo de antes u por como me he comportado contigo y te he tratado durante estos años. Me encantaría volver al pasado y cambiarlo todo.
Marcos le da un abrazo a Raquel como signo de que todo está olvidado. Y, aunque fueron muchas las cosas que Raquel le hizo, la quiero muchísimo.
-Será mejor que nos demos prisa o llegaremos tarde- le dice Raquel emocionada.
-Sí, no vaya a ser que Cristian se enfade- contesta Marcos golpeándole cariñosamente el brazo y riéndose a carcajadas. Raquel se para en seco para mirarle. Tiene suerte de tenerlo como hermano.


Capítulo: 3


Capítulo: 3
                        


Está solo en casa. Tumbado en el sofá del salón escuchando su canción favorita. Me doy cuenta de Young Killer. Ha leído en el WhatsApp del grupo lo del partido de su amigo, pero a Guillermo no le apetece mucho ver le partido de Cristian que, junto con Daniel y Marcos, son sus mejores amigos.
¿Iría ella al partido? No, mañana hay un examen y se quedaría en su casa, estudiando a última hora. Como siempre. Pero, eso a él no le importa. Aunque no fuese muy buena estudiante, Andrea era muy especial para él e importante para Guillermo.
Él lo sabe. Sabe que ella nunca llegaría a sentir algo por él. Nadie lo haría. Físicamente no está mal pero, tiene un humor que solo Andrea sabe entender. Es una de las muchas cosas que le gusta de ella.
Cansado, se quita los cascos y apaga su MP4. Se levanta del sofá y mira por la ventana. Fuera hace frío. Solo queda un mes para las vacaciones de Navidad.
De repente suena Payphone de Maroon 5 en su móvil. El tono de llamada que tiene con Andrea. Nervioso, pulsa el botón verde.
-Hola Andrea.
-¡Hola Guille! ¿Qué tal? ¿Vas a ir al partido de Cristian?
-Bien. No creo que vaya, aun tengo que estudiar un tema de sociales. ¿Tú vas a ir?
-No, tengo que estudiar los tres temas.
Guille puede oír como Andrea suelta una pequeña risilla. Le encanta su risa.
-Oye, ¿te apetece quedar en mi casa para estudiar? Mis padres no están y estaremos más tranquilos.
¡Pero qué ha hecho! ¿Por qué le ha dicho eso? Si estando sola no se puede concentrar, ¿cómo va ha hacerlo con Guillermo a su lado? Pero tiene muchas ganas de verle y de estar con él. Y, aunque no estén juntos, lo echa de menos. Mucho.
-Claro, será mucho mejor que estudiar solo.
-¡Genial! ¿Te parece bien a la seis y media en mi casa?
-Perfecto. Allí estaré. Adiós, un beso.
-Besos. Adiós.
Un largo pitido le hace saber a Guille que Andrea a colgado. Se muere de ganas de decirle una cosa aunque ella no lo escuche.
-Te quiero- susurra.
No le oye, pero tenía que decirlo. Eran muchos los años que Guille había tenido que guardar esas dos palabras que tanto significaban para él.
Mira su reloj. Son las cinco y media. Tiene menos de una hora para prepararse. Corriendo, llega a su habitación y abre su armario. Nada le gusta, y es normal.
Se decide por unos vaqueros oscuros y un polo de color blanco. Se levanta el cuello del último y entra en el baño. Abre el armario, saca un bote de gomina y empieza a peinarse. Con la mano llena de gomina, comienza a ponerse los pelos en punta hasta llegar a hacerse una cresta. Cuando ha terminado se lava las manos, coge su colonia de Calvin Klein y se rocía por el cuello y un poco por las muñecas. Por último, moja su cepillo de dientes debajo del grifo y le pone un poco de pasta de dientes con sabor a menta. Ya son las seis, rápidamente escupe en el lavabo, se enjuaga la boca y se seca con una toalla. Se mira al espejo y chasquea la lengua. Perfecto.
Abandona el baño y se sienta sobre su cama para calzarse unas zapatillas del mismo color que el polo. Sale de su habitación coge las llaves, el móvil, su abrigo de invierno y cierra la puerta de la casa dando un portazo y sellándola con la llave.
Camina por la fría ciudad de Zaragoza, por la calle de María de Aragón. Suena en su móvil She doesn’t mine de Sean Poul. Es Cristian.
-Hola Cristian.
-Hola Guille, ¿qué tal?
-Bien, bien. ¿Listo para el partido?
-Siempre lo estoy. ¡Vamos a ganar!- grita Cristian entusiasmado- ¿Vas a venir, no?
-Lo siento tío, pero he quedado con alguien para estudiar el examen de sociales de mañana.
Guille oye a su amigo silbar de manera exagerada al otro lado de la línea.
-¿Y quién es la afortunada?
-¿Cómo sabes que es una chica?
-Vamos Guille, te conozco demasiado bien. ¡Tú no estudias con chicos!
Los dos jóvenes se ríen con escandalosas carcajadas.
Cristian le conoce muy bien y, junto con Daniel, saben todos sus secretos. Incluido lo que siente por Andrea.
-Voy a casa de Andrea.
Cristian vitorea a su amigo cuando escuche el nombre de la chica mientras Guillermo se ríe.
-Bueno Cristian, te dejo que estoy ya en el portal de Andrea. Suerte con el partido. Adiós, tío.
-Mucha suerte a ti también, que a veces las cosas no son como uno las espera. Adiós, Guille.
Una vez finalizada la llamada, Guillermo se queda inmóvil delante de la perta del edificio donde vive Andrea.
Puede que Cristian tenga razón, puede que las cosas no sean como uno las espera. Y es que lleva enamorado de Andrea desde que la conoció y ya es hora de que las cosas cambien. Es hora de contarle todo a la chica de sus sueños. Toda la verdad. Todo lo que siente por ella.
Decidido, Guille pulsa el botón del séptimo A.
-¡Hola, Guille! ¿Te abro?
Guillermo tarda un poco en responder al oír la dulce voz de Andrea.
-Sí, gracias.
-¿Ya?
-¡Ya!
Un grave pitido le avisa al chico de que la puerta se ha abierto. Al entrar al patio se dirige al ascensor donde hay una mujer de anciana edad con el carrito de la compra, esperándole.
-¿A qué piso vas, muchacho?- le pregunta la señora.
-Al séptimo.
-Yo al primero, voy antes.
La anciana presiona el botón donde aparece reflejado el número uno. Cuando llegan, abandona el ascensor dejando a Guillermo solo, que no tarda en llegar a su destino. Sale del ascensor y llama al timbre de la casa de Andrea. La puerta la abre una chica rubia de pelo rizado y grandes ojos azules. Andrea.
-Hola Guille- le dice dándole dos besos.
-Hola Andrea.