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sábado, 21 de diciembre de 2013

Dime que no me quieres. Capítulo: 2

Capitulo: 2

El ruido del motor le impedía escucharle hablar. Llevaban varios minutos sobre la moto, camino al centro de la ciudad. Aunque, Verónica ya había montado en aquella Yamaha de color negro, nunca terminaba de encontrarse totalmente segura sobre ella. Pero confiaba en quien al conduce. Los brazos de la muchacha llevan aferrados a la cintura de Lucas de que salieron de la casa de él. Hace unos días le pidió a Vero que le acompañase a un ensayo que tenía con su banda. Lucas toca la batería desde que cumplió los quince y ahora, con dieciocho, él y sus amigos decidieron montar una banda.
Ensayan en un pequeño local, escondido en uno de los callejones del centro. Todos los martes, jueves y domingo, se reúnen para practicar sus canciones. Algunas propias y otras de grandes grupos. La mayoría de las canciones son de estilo rock, el estilo de música favorito de los cinco componentes de la banda. En ella, Lucas es el solista y, a su vez, toca la guitarra eléctrica.
Se adentran en el callejón y la moto va frenando hasta que, Lucas, aparca a un lado del estrecho pasaje. Verónica es la que baja primero del vehículo. Una vez de pie, se retira el casco y se lo tiende a Lucas que ya se lo ha quitado.
-Así que, aquí es donde ensaya tu banda- comenta ella examinando el lugar.
-Bueno, no se puede considerar mi banda. Todos nosotros decidimos crearla por nuestra afición al mundo de la música- dice el joven guardando los dos cascos- pero sí, aquí ensayamos los temas.  
Vero sigue mirando a todas las direcciones que su vista le permite. No sabe lo que le espera ahí dentro, teme no caerles bien a los amigos de Lucas. Seguramente, ella o sea como las amigas que ellos estén acostumbrados a tener.
Lucas la mira y sonríe antes de hablar:
-¡Vamos, Vero! No me digas que estás nerviosa- ríe.
-No, no…- balbucea- es solo que… ¿Y si no les caigo bien?
Él ríe ahora mucho más fuerte que antes. Termina abrazándola.
-Es imposible que les caigas mal- le da un beso amistoso en la frente- Además, no debes preocuparte por eso. Eres una de mis mejores amigas, con eso deberías estar satisfecha.
Vuelve a reír mientras ella sonríe levemente. No le disgusta esa faceta de prepotente que surge algunas veces. Sabe que lo hace para tranquilizarla cuando está nerviosa.
Lucas y Verónica no dejaron de verse desde la noche en la que le joven cumplió la mayoría de edad. Lucas le ayudó mucho a olvidar todo el pasado con Cristian. Pasaban las tardes juntos, él iba a buscarla todos los días a la salida de la biblioteca, donde Vero estudiaba para no descuidar sus estudios.
Lucas abre una pequeña puerta de hierro que da acceso al local donde la banda ensaya. Al entrar, la muchacha se ve obligada a agachar la cabeza para que no impacte contra el marco superior de la puerta. Un vez que ambos están dentro, Lucas cierra la puerta tras de él.
-¡Hola a todos!- saluda él efusivamente- Esta es Vero, hoy me ha acompañado a el ensayo. Vero, estos son Bruno, el batería. Álvaro, el bajista y hace los coros y Álex, el otro guitarrista. Bastante mejor que yo, todo hay que decirlo.
-No le hagas caso, él es el mejor de todos nosotros. Con diferencia- asegura Álex que se acerca a Vero para saludarla, más tarde se estrecha la mano con Lucas como señal de saludo.
Álex tiene el pelo corto, prácticamente rapado. Viste con unos vaqueros oscuros y desgastados y una camiseta de manga corta de color azul marino. La parte visible de sus brazos está recubierta de grande tatuajes y ambas orejas con una dilatación. Los otros dos componentes restantes son gemelos, ambos van vestidos de negro y con el pelo con el mismo corte que el de Lucas, salvando que los hermanos tienen el pelo negro como la noche y Lucas de un rubio oscuro.
-Puedes sentarte aquí si quieres- le dice mientras acerca su boca a su oído para susurrarle- Créeme, les has caído bien solo por cómo te miran. Te dije que era imposible que les cayeras mal.
A Verónica le entraron escalofríos al sentir el aliento de Lucas tan cerca de su piel. Hace un tiempo esos escalofríos eran inexistentes, hace un par de días que se ha dado cuenta de que no. No es como los demás, es él mismo, sin importarle lo que le critique la sociedad sobre su personalidad o estética. Y eso es la que más le atrae de él.
El muchacho rubio se cuelga la guitarra y se coloca en el centro de la sala, con el micrófono a escasa distancia de su boca. Una luz tenue se centra en los cinco componentes de la banda. La música comienza a sonar y, antes de la entrada de Lucas en la canción, la mira. La luz provoca pequeñas sombras en su rostro y brazos y, en sus labios, se dibuja una curva perfecta. Su sonrisa. La luz hace brillar los piercings de su rostro, los de Lucas y los del resto de la banda. La voz melódica del joven comienza a sonar despacio. Vero reconoce la canción al instante. Es Roger Rabbit de Sleeping with Sirens. Le ha oído decir a Lucas mil veces que esa es su canción favorita. Que le trae muchos recuerdos a la mente, recuerdos buenos y malos, tristes y alegres. Pero todos aquellos son dignos de recordar.

Lo que ella no sabe es que el principal recuerdo que acude a la mente de Lucas, es Vero. 



lunes, 9 de diciembre de 2013

Dime que no me quieres. Capítulo: 1

Capítulo: 1


Hace una semana que comenzó el verano. El calor se ha adueñado de la ciudad, como todos los años en esta época del año. A Matt siempre le ha gustado el calor de España. Desde que vino de Argentina con nueve años, nunca se ha cansado de él. El país le impresionó mucho, la gente alegre y eufórica y las distintas tradiciones en cada región.
Matt vive con su madre, en un pequeño piso en el centro de la ciudad. Sus padres se divorciaron el año pasado y la custodia recayó sobre la madre del joven. La mujer quería cambiar de aires y olvidar su tierra natal. Matt ha terminado este año el primer curso de un bachiller de artes. La fotografía es su mayor pasión. Desde pequeño, fotografiaba todo lo que llamaba su atención.
-¡Matt! ¡Voy a salir a hacer unos recados!- le avisa su madre entreabriendo la puerta de su habitación.
-Vale, mamá- le sonríe- yo he hecho planes, no vendré.
-Pásalo bien, hijo. Te esperaré hasta lo hora de cenar- se acerca a Matt y le da un beso en la mejilla como despedida. Él le dice adiós con la mano hasta se desaparece del cuarto, cerrando la puerta tras de sí.
Matt escucha como la puerta de la casa se cierra. Mira su reloj de pared, tiene diez minutos hasta que ella llegue. Nervioso, comienza a recoger su habitación. Conoció a esta chica pocos días antes de que la primavera diese a conocer su fin. Fue un encuentro que ninguno de los dos buscó. Que, a simple vista, ninguno necesitaba. El destino decidió que no era así e hizo que sus miradas se encontraran aquella tarde de mayo. Matt no ha hecho muchos amigos en la ciudad, la verdad, tampoco ha puesto mucho empeño en conocer gente nueva. Siempre le ha gustado estar sin mucha compañía. No es un defecto, simplemente es una forma distinta de convivir. En este caso, contigo mismo.
Faltan tres minutos y a ella le encanta llegar puntual. Con tres grandes zancadas, cruza la habitación y se mira en el espejo. Se alisa su camiseta con las manos, evitando cualquier imperfección. Debe estar impecable. ¡Qué ganas tiene de verla! No han tenido la oportunidad de verse durante los últimos días, la joven estaba de exámenes finales en el último curso de educación secundaria obligatoria. Para ellos, las clases finalizaron hace dos días.
Un agudo timbre suena desde el otro extremo de la casa. ¡Ya está aquí! Y, como había dicho, puntual, como siempre.
Matt corre por el pasillo y llega a la puerta de entrada. Respira hondo y expulsa el aire mientras abre la puerta. Una jovencita de baja estatura y largo pelo rubio aparece ante él. Ambos comparten sonrisas y ella se abalanza sobre él, regalándole un tierno beso en los labios. Se separan al cabo de unos segundos.
-Hola, Andrea.


-¡Oye, no es justo!- se queja Dani.
-¿El qué no es justo?-  ríe Paula escandalosamente- Te he ganado dos veces de forma legal. ¡Envidioso!
-¡Venga ya! Este cacharro no funciona…- dice dándole golpecitos al mando de la Wii.
-Tu échale la culpa al mando- reprocha Paula sin dejar de reírse. Le encanta picarle.
Ya han vivido muchas tardes como esta. Muchas veces, Paula echa la vista atrás, cinco meses para ser exactos. Los que Dani y ella llevan compartiendo juntos. Unos meses llenos de sentimiento y alguna que otra pequeña discusión, pero que siempre han acabado en intensos abrazos.
El muchacho mira a Paula que sigue a riendo a carcajadas. Poco a poco, se va aproximando más a ella hasta que la envuelve en sus brazos, sin dejarle escapatoria.
-¡Suéltame!- le pide ella con alguna pequeña risilla.
-Creo que no- le contesta él. Acto seguido, comienza a hacerle cosquillas en los costados. Descubrió hace mucho que era su punto débil. Paula intenta zafarse, pero le tiemblan las piernas y acaba sobre el suelo, con Dani encima.
Ahora nadie ríe, solo se escucha la respiración agitada de la joven. Estar tan cerca de él aún le provoca esos nervios inocentes que, tal vez, perduren para siempre. Dani estira el brazo y la acaricia la mejilla con los nudillos de la mano mientras la mira con ternura y admiración. Automáticamente, Paula se muerde, nerviosa, el labio inferior. El muchacho suelta una pequeña sonrisa, y termina rozando su labio con la yema de los dedos. Acaricia esos labios que no tarda en sellar con un dulce beso que se intensifica cada segundo.
-Creo que con este beso hemos quedado empatados por esta tarde- le dice la joven sonriente.
-¿Empate?
Vuelve a acercar su rostro al de ella y, esta vez, la besa de forma más suave y tierna. Como su fuese un frágil juguete de cristal.
Paula se hace de rogar pero cae en sus redes de nuevo.
-Está bien, tú ganas. Pero solo por esta vez.
-Tengo un plan mejor, ¿y si dejamos a un lado nuestro empate por hoy?

Y, antes de que pronunciase ni una palabra más, docenas de besos les cubren en esa tarde. Besos tiernos, intensos…pero todos ellos llenos del sentimiento.