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martes, 20 de mayo de 2014

Dime que no me quieres. Capítulo:13

Capítulo: 13

Lleva toda la tarde sentada en el alféizar de la ventana de su lugar favorito de la ciudad, sujetando un libro entre sus manos y escuchando de fondo el peculiar sonido de las teclas del ordenador que son pulsadas por Dani. No logra concentrarse en la lectura. Todavía tiene grabadas en su mente las imágenes que vivió con Cristian la otra tarde. Sus amenazas retumban en su cabeza de forma inevitable. ¿Qué sería capaz de hacerles a sus amigos? ¿Qué pasaría con Dani si ella le contase lo sucedido? Un nuevo suspiro…
-Ya has suspirado así como unas cinco veces, Paula- le dice Dani sin apartar la vista de la pantalla del ordenador. Él está creando una nueva historia y necesita concentrarse.
-Lo siento- le contesta ella cerrando el libro y, acto seguido, se frota los ojos con ambas manos. Está cansada, ayer no logró pegar ojo en la mayor parte de la noche.
Dani la mira, guarda en el pendrive todo lo que ha escrito durante esa tarde y cierra la sesión. Con pasos lentos se acerca hasta Paula y se agacha en cuclillas delante de ella. Le agarra de las manos y, con suaves movimientos, le acaricia los nudillos de su mano izquierda con el dedo pulgar.
-¿Qué es lo que pasa?- le pregunta serio.
La joven niega con la cabeza.
-¿Esperas que me crea que no te ocurre nada? ¿En serio?
Paula, por primera vez en el rato que llevan juntos, le mira.
-Anoche no dormí muy bien y estoy cansada, eso es todo.
-¿Seguro?- se preocupa- Esta mañana en la estación, cuando fuimos a recoger a Guille, no tenías muy buena cara.
-El cansancio de no dormir, ya te lo he dicho.
Paula camina con grandes zancadas hacia la escalera corredera de la estantería y sube por ella hasta dejar el libro que leía en lo más alto del mueble. No le gusta mentirle, aunque sea por su bien. Por su seguridad. Si Cristian le llegase a hacer algo a su novio no se lo perdonaría nunca. Por ello, debe mantenerse callada, fingir que nada ocurre.
-La verdad es que, me preocupan Guillermo y Andrea.- miente Paula bajando de nuevo al suelo- Hoy en la estación ha sido todo tan frío entre ellos. Como si ningún sentimiento hubiese nacido, nada…
-Las cosas entre ellos se solucionarán, estoy seguro.
-¿Cómo lo sabes?- le pregunta sentándose en un sofá que hay en el centro de la sala.
-Es obvio, solo hay que prestar atención a la forma en la que se miran. Siguen sintiendo el uno por el otro, pero son muy cabezotas como para reconocerlo.
Dani se acerca a Paula y se sienta a su lado. Su larga trenza castaña cae por uno de los hombros como una cascada interminable, sus ojos están fijados en el suelo, protegidos por sus largas y finas pestañas negras. Sus mejillas adoptan un color rosado a causa del calor acumulado en la habitación, al igual que los lóbulos de sus orejas. Aún así, está preciosa.
-Ahora Andrea está con Matt. Se gustan mucho.
-No es lo mismo.- afirma Dani captando la atención de su novia- Por mucho que lo eviten, Guille y Andrea tienen algo especial. Juntos o separados. Lo tienen.
-Olvidas a Matt…
-El corazón es muy ambicioso, Paula. Es capaz de sentir por dos personas a la vez, pero nunca se siente igual por las dos. Siempre va a haber una que encabeza la lista. Y Guille es quien, ahora mismo, está en el primer puesto.
-Hablas como si el amor se tratase de una carrera en la que solo gana el más fuerte.
Dani suelta una leve risa y entrelaza sus dedos con los de ella.
-No gana el más fuerte, sino el más astuto y paciente. Aunque hay excepciones…
-¿A qué te refieres?- pregunta extrañada mientras apoya su cabeza sobre el hombro de Dani y se acurruca junto a él.
-Mírame a mí, te tuve delante todo este tiempo y no supe verte. Veía el amor como una diversión pasajera. Todas aquellas chicas con las que estuve saliendo…y mientras tanto tú…
Paula no deja que su novio siga hablando, une sus labios con los suyos, sellando el silencio de la sala. Volver a recordar todas las sensaciones y emociones rotas que experimentó hace unos meses, es como volverlas a vivir una y otra vez. Derrumbarse de nuevo imaginando a otra chica en los brazos de Dani o, simplemente, con una mirada cómplice.
-No hables más de eso, por favor.- le suplica Paula quien se termina tumbando de lado sobre el sofá de tela marrón.
Daniel la mira con ternura y no tarda en echarse junto a ella. Con el brazo derecho, rodea la cintura de la joven y atrae su cuerpo hacia él. Con un abrazo suyo, Paula se siente segura, feliz. Ahora está con ella, no tiene que preocuparse de nada más. En este tiempo que llevan juntos, ha aprendido a saber aprovechar cada momento a su lado, exprimir cada una de las horas que pasan juntos, sin desperdiciar ni un solo minuto. Se quieren como dos locos enamorados. Al fin y al cabo, el amor no deja de ser eso. La mayor locura que dos personas pueden vivir y compartir.
Paula cierra los ojos a la vez que Dani deja un suave beso en el cuello de la muchacha.

-Tal vez no fui el más inteligente en ganarte, pero prometo que no volveré a cometer el mismo error. No pienso perderte.- le asegura Daniel susurrando, aunque sabe que Paula ha caído presa del sueño.






viernes, 9 de mayo de 2014

Dime que no me quieres. Capítulo: 13

Capítulo: 13

Hace dos meses. 21:00 horas.

Vuelve a mirarse en el espejo del tocador de su habitación, tal vez sea la quinta vez que lo hace. Siempre que va a hablar con Guille a través del ordenador lo ocurre lo mismo. Esos nervios incontenibles, las ganas de traspasar la pantalla y abrazarle…esas ganas que cada día aumentan más y más. Andrea sabía que iba a ser duro estar lejos de Guillermo durante tanto tiempo. Cada vez que deja de hablar con él, bien sea por vía telefónica o por Skype, es inevitable ese sentimiento de rabia mezclado con la tristeza de no verle, de no estar a su lado todos los días como antes. Hay veces que incluso ha llegado a pensar que no aguantaba más, que los kilómetros que los separan estaban siendo más fuertes que ella…
La madre del chico no aceptaba que estuvieran juntos y tomó medidas en contra de la voluntad de su hijo. Recuerda cómo llegó hasta su casa, la manera en la que le abrazaba, como si quisiera mantenerse aferrado a ella todo el tiempo posible. Pero, en muchas ocasiones, la distancia es una de los grandes enemigos del amor.
Andrea respira hondo, cerrando los ojos, y lentamente suelta el aire que contenía por la boca. No puede derrumbarse ahora, no cuando faltan tres minutos para que Guille se conecte. La joven se recoge su larga melena rubia en una coleta alta y se sienta en su silla frente al ordenador del escritorio.  
Ya es la hora.
Presiona el botón de encender y espera a que Windows se cargue correctamente. ¡Por fin! Veloz, entra en la página de Skype y se conecta. Ahí está. Guille aparece disponible y, al instante, una petición para chatear le llega a su PC. Ella acepta sin demora. Respira hondo mientras observa como un joven chico de claros ojos azules, palo castaño cada vez más claro, esta vez lleva un gorro gris de lana fina hacia atrás y un jersey de invierno del mismo color. Aunque solo consiga verle desde la altura del pecho hasta la cabeza, está realmente guapo.
-Hola pequeña- le saluda Guille con una gran sonrisa.
Ella suspira con una mezcla de tristeza y alegría amarga. Está tan lejos de ella…
-Hola- susurra con voz tierna- ¿Cómo va todo por allí?
-Mejor de lo que esperaba. He conocido a mucha buena gente, son muy abiertos y eso me gusta. No ha sido complicado para mí adaptarme.
-Eso es mucha suerte, en ocasiones adaptarse cuesta…mucho.
Andrea lo sabe, sabe que es muy duro tener que amoldarse a grandes cambios. Está viviendo uno que cada día, la fuerza de seguir adelante luchando contra ese cambio, se le hace más cuesta arriba. La distancia que la separa de Guillermo es un obstáculo que va fortaleciéndose más y más. Nos sabe cuánto tiempo más podrá aguantar…
Andrea desvía la mirada de la webcam, fijando sus ojos en un punto alejado de la habitación.
-¿Andrea?- le llama él desde su habitación- ¿Qué te ocurre?
Guille escucha como su novia sorbe por la nariz y pestañea varias veces seguidas. Ella no quiere que la vea así, derrumbada. No ahora.
-Te echo de menos- le confiesa con una voz prácticamente inaudible.
El chico suspira al otro lado de la pantalla pero, antes de que pudiese decirle que a él le ocurre lo mismo, que siente esa impotencia de no poder estar ahí a su lado, con sus labios sobre los de ella mientras sus brazos la rodean o, simplemente, charlando una tarde en el portal de su casa. Otra de esas muchas tardes que pasaban juntos… Andrea le interrumpe.
-Desde un principio supe que esto, tenerte lejos, iba a ser difícil de soportar. Los primeros días fueron complicados, pero no he sido consciente hasta ahora de que la dificultad de no verte cada día en mi rutina aumentaba. Guille siento que estoy perdiendo…que te pierdo…
-¡No!- se alarma él- ¡Eso no está pasando! Andrea, sigo aquí, mírame.- ella levanta la mirada y le contempla a través de la cámara- Cada día que pasa es un día menos para volvernos a ver, para que todo vuelva a ser como antes, como siempre.
-Cada día que pasa mi agonía aumente, Guille. Mis fuerzas se reducen. ¡La distancia me está ganando y me duele!
Y se derrumba. Se derrumba como un muro se cae ante una bola de demolición. Sin remedio, sin poder evitarlo. Andrea se cubre el rostro con ambas manos, ya no intenta reprimir las lágrimas, es imposible.
Guille la observa, inmóvil. Traspasaría la pantalla de su ordenador si pudiera, correría y la estrecharía con fuerza junto a su cuerpo. Le susurraría que todo va bien, que él está ahí- Pero no es así. Ya no es como antes y el ya no está ahí, a su lado, de manera que ella pueda sentir cada una de sus caricias.
-No puedo más, Guille. Esto es superior a mí, no soy lo suficientemente fuerte como para seguir tachando los días de mi calendario, contando aquellos que faltan para volverá tenerte aquí. Las horas de mis días se triplican esperándote mientras que los kilómetros siguen siendo los mismos.- Andrea se limpia las lágrimas de sus mejillas- Lo siento…
Guillermo abre los ojos de forma extravagante. No, no es cierto, no está pasando…
-Andrea, por favor…no lo dices en serio…
-¡Guille yo no quiero hacerlo!
-¡Entonces no lo hagas! Hemos aguantado casi tres meses separados, podemos con el resto.
-¡No puedo! ¡No lo soportaría más!
-¡Yo no puedo soportar el saber que no te tengo! ¡No podemos tirar tantos momentos por la borda, Andrea! Te quiero, estoy enamorado de ti.
-No digas eso, por favor no más…- le suplica ella con la voz quebrada- Entiende que no tenemos alternativa, solo acabar con todo…
-Ya sabes mi opinión. Lucharé para que esto siga viviendo.
-Basta, por favor…- le vuelve a suplicar esta vez sollozando.
Guille suspira abatido, hecho polvo…De todas maneras, consigue ocultar una pequeña lágrima que discurre por uno de sus pómulos.
-¿Es tu decisión definitiva?- le pregunta serio y con un tono de vez seco y cortante.

Andrea asiente, ya no tiene palabras. Se acabó. Los capítulos de su historia con Guille han llegado a su final. Sin despedirse ninguno de los dos, la muchacha apaga de ordenador y se arroja sobre su cama, dejando que las amargas y dolorosas lágrimas, acompañadas de agudos llantos, resbalen por su rostro sin intención de frenarlas. Nunca antes ha sentido un dolor tan sumamente intenso, incontrolable. Nunca se había planteado como sería este momento, ni siquiera si algún día iba a llegar. Pero Andrea nunca fue partidaria de los para siempre, decía que solo existen en los cuentos irreales. Ahora está segura de ello.










viernes, 2 de mayo de 2014

Dime que no me quieres. Capítulo: 12

Capítulo: 12

Han quedado todos juntos en media hora delante de las puertas de la estación de Delicias. Guille vuelve a casa y han decidido darle una sorpresa e ir a buscarle. Durante el trayecto en el autobús hasta allí, Andrea no ha dejado de pensar en cómo será el volver a verle o, aún más complicado, cómo reaccionará cuando ambos crucen miradas en su llegada. Desde la conversación que mantuvo con Raquel no ha parado de comerse la cabeza con el tema de Guille y Matt. ¿Tendrá el corazón dividido? Es cierto que quiere a su novio argentino, sintió un flechazo cuando se vieron por primera vez y sigue manteniendo esa sensación cada vez que está junto a él. Y Guillermo…fue muy difícil para ella el intentar olvidarle, dejar a un lado los recuerdos vividos con él que, ahora, no está tan segura de haberlos apartado de su vida.
Ni siquiera ha hablado con Paula sobre lo que le ocurre, sabe que ella lo entendería pero Andrea quiere arreglárselas sola esta vez, quiere que sea su propio corazón quien decida por ella.
La desagradable voz del autobús le indica que la próxima parada será la estación, su destino. Con rapidez, baja del transporte cuando este frena y camina ligera hacia las puertas de entrada. Allí están todos. Marcos está apoyado en la pared, concentrado, con su Smartphone en la mano. Raquel y Verónica ríen escandalosas sobre algo que la primera le ha contado a su amiga. Desde esa noche en la que solucionaron todos los problemas que anteponían a su amistad su relación se ha vuelto más fuerte y, seguramente, más duradera. Y por último, Daniel y Paula que miran a Raquel y Vero reírse. El chico abraza a su novia por detrás, apoyando la barbilla en su hombro izquierdo. Cada vez que Andrea se aproxima más a ellos, nota como Paula mantiene la mirada en un punto fijo, perdida en sus pensamientos.
-¡Hola Andrea!- gritan saludando Raquel y Vero al unísono. La muchacha rubia se dedica a saludar a todos moviendo la mano mientras se acerca al grupo.
Marcos guarda su móvil en el bolsillo trasero de sus piratas vaqueros y mira con una extraña expresión en su rostro o Andrea.
-No traes muy buena cara.- le dice a la joven- ¿Estás preocupada por volver a ver a Guille?
Ella escucha atenta la pregunta y se sobresalta al oír el nombre del chico, aún le producen escalofríos aquella tarde en la que lo dejaron de una forma tan distante.
-Ha sido mucho tiempo sin saber prácticamente nada de él, hasta que ayer me mandó un mensaje diciéndome que hoy volvería a aquí, que él quería que yo lo supiese. Tengo miedo de volver a verle…
-¿Qué? ¿Por qué?- exclama Dani- Andrea es nuestro amigo, el Guille de siempre. Ya sé que tuvisteis lo vuestro, pero ya lo has superado. ¿No es así?
Andrea palidece, siente una fuerte presión en el pecho y no logra contestar. Tampoco quiere hacerlo. El contarle a sus amigos que tal vez sienta por dos personas a la vez es arriesgado, no sabe cómo pueden tomárselo.
-Será mejor que entremos ya- dice Andrea terminando con la conversación.
Una vez dentro, caminan por los pasillos de la estación en busca del andén en el que llega el tren de Guille. Aunque han tenido que preguntar dos veces sobre cómo llegar hasta ahí, han llegado por los pelos. En tren en el que viaja Guillermo acaba de frenar. Una masa de gente sale rauda del vehículo.
-¿Dónde está Guille?- pregunta Vero que se sube de puntillas sobre sus pies intentado localizarle.
-¡Allí!- exclama Paula.
Un joven alto y de pelo castaño sale del tren. Viste con una sudadera roja remangada hasta los codos y decorada con el eslogan de Pull&Bear en negro, y unos vaqueros negros desgastados a juego con sus zapatillas del mismo color. Es él. Guille.
-¡Guillermo! ¡Guille!- le grita Daniel eufórico. El joven, al escuchar su nombre, busca con la mirada la procedencia de esa voz. Gira la cabeza hacia la derecha, hacia atrás hasta que, finalmente, encuentra a sus amigos. Sus ojos azules se iluminan y centellean de sorpresa e ilusión.
-¡Guille!- grita Marcos que corre hacia él seguido de todos los demás a su misma velocidad. Todos menos Andrea que intenta esconderse aunque sabe que es inútil.
Guille deja sus maletas sobre el suelo y abraza a Dani que ha conseguido adelantar a Marcos en el recibimiento de Guillermo.
-Pero, ¿qué hacéis aquí?- exclama él emocionado- ¡No sabía que veníais! 
-Era una sorpresa- le dice Paula que es la última que lo abraza.
-Bienvenido a casa, tío- le dice Dani dándole pequeños golpecitos en su espalda.
-Ya tenía ganas de volver y…
De pronto, se detiene. Su mirada se pierde y sus palabras se frenan en seco. Sus profundos ojos se centran en una joven rubia que aparece de entre el grupo. La muchacha es de baja estatura, con una larga melena rubia que hoy lleva rizada que alcanza la altura de su cintura, sus ojos claros evitan cruzarse con los suyos. Está nerviosa. Hacía mucho tiempo que Guille y Andrea no se encontraban. Las cosas han cambiado.
-Hola…Andrea- le saluda tartamudeando.
-Hola Guillermo- responde ella con un tono frío y seco.
Nada. Eso es lo que hay ahora entre ambos, una relación que perdió su esplendor aquella tarde lluviosa de marzo. Duele que se miren a los ojos, duele que, aun estando en la misma estancia, sientan como miles de kilómetros les impiden volver a unirse como antes lo estaban, duele que su amor adolescente se haya arrojado por la borda…
-Chicos…- empieza a decir Raquel viendo la tensión del ambiente entre Andrea y el recién llegado- ¿Qué os parece si acompañamos a Guille hasta su casa? Así, por el camino, nos puede contar como ha ido en este tiempo que ha estado fuera y luego él se puede ir a descansar.
-Me parece perfecto- dice Guille recogiendo sus maletas del suelo.
Juntos, abandonan la estación y caminan en la dirección de la parada en la que podrán subir al autobús que les lleve a la casa de Guillermo. El bus llega y todos suben, dentro hay demasiada gente y no les queda otra que quedarse de pie hasta que el vehículo no se vacíe. Andrea camina por el pasillo del autobús y, sin esperarlo, este acelera de forma brusca y la joven pierde el equilibrio. Hubiera caído al suelo si unos brazos, tensos y firmes, no la hubiesen sujetado por la cintura. Andrea levanta la vista y el tiempo se congela ante sus ojos, todo se ralentiza mientras siente los brazos de Guillermo que la sujetan. Es la primera vez que ambos se miran fijamente a los ojos desde la llegada del chico.
-¿Estás bien?- pregunta él en un susurro.
-Yo…sí, estoy bien. Gracias.

Consigue estabilizarse mientras que las manos de Guille se despegan de la cintura de ella. Recuerda aquella tarde en la habitación de Andrea, aquella en la que rompió el tazón e pedazos y ella tropezó, cayendo en sus brazos preparados para retenerla. La tarde de su primer beso con Andrea. Un beso que, aunque le duela admitir, no ha olvidado.