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martes, 26 de febrero de 2013

Capítulo: 14


Capítulo: 14.



El examen le ha ido bastante bien. Como siempre, sacará buena nota. Ha respondido a todas las preguntas y sin ninguna dificultad.
A segunda hora les tocaba ir a clase de Francés. No todos los alumnos asistían a esa clase. El año pasado pudieron elegir Francés o Cultura Clásica. Andrea, Verónica y Paula escogieron seguir estudiando un idioma más, ya que no les iría nada mal en su futuro. Los demás eligieron Cultura Clásica, ya que los idiomas no son lo suyo.
El sonar el timbre que anuncia el cambio de clase, Paula se carga la mochila al hombro y sale del aula. No ha hablado con Daniel en todo el día y, aunque parezca mentira, cree que lo mejor será terminar así el día. Sin cruzar ni una palabra, ni una mirada con él.
De camino a la clase de Francés, Paula recorre los pasillos mientras habla con Andrea. Esa mañana, solo ellas dos asistirán a Francés junto con más alumnos, ya que Verónica aún no ha aparecido.
-¿Seguro qué estás bien?- le pregunta preocupada Andrea- No tenías muy buena cara al terminar el examen.
Es su mejor amiga y debería contárselo. Pero, por otra parte, no quiere preocuparla. Andrea siempre le ayudaba en todo lo que podía y más. Pero ella no sabía nada sobre sus sentimientos hacia Dani, nadie lo sabe.
-Sí, tranquila no me pasa nada.
-¿Seguro?
-Sí.
Andrea asistió con la cabeza. No estaba convencida de la respuesta de Paula. La conoce demasiado bien.
La clase de Francés se está haciendo demasiado larga para Paula. No puede sacarse de la cabeza la conversación de ayer por la noche. ‘’ Eres mi mejor amiga y te quiero muchísimo, pero nada más. ’’ Esa frase retumba en la cabeza de Paula cada segundo que pasa.
Por un momento se imagina como sería la vida a su lado. Todos los días brillaría el sol en su corazón. Todos los días tendría una razón por la que no borraría esa sonrisa de su rostro. Todos los días podría despertarse por la mañana y ver que lo que lleva toda una vida soñando, se ha hecho realidad.
Por fin la clase termina y Paula sale del aula poniéndose el abrigo para salir al recreo. Hace mucho frío en la calle, solo queda un día para las vacaciones de Navidad. Todos tienes muchas ganas de que lleguen ya. Adelantarían el tiempo si pudieran.
-¡Paula, espera!- le grita alguien que corre por detrás. La chica se frena en seco y se vuelve.
-Hola- le saluda Dani recuperando el aliento.
Paula siente ganas de huir de allí y desaparecer. No puede aguantarle la mirada más de tres segundos seguidos.
-Hola- dice ella en voz baja.
Daniel la nota rara, tiene que hablar con ella. Solucionar lo  que pasó ayer en esa conversación de Tuenti.
-¿Podemos hablar?- le pregunta él.
Paula se dedica a asentir con la cabeza, le cuesta hablar con él en estos momentos. Tienes un nudo en la garganta que se hace más grande por momentos.
Se sientan en un bordillo que hay delante de las fuentes del recreo. Una ráfaga de viento helado hace que Paula se estremezca y sienta frío por todo su cuerpo.
-¿Estás bien?- le pregunta Dani. Se ha dado cuenta de, en un instante, el frío se ha apoderado de ella.
-Sí, tengo un poco de frío pero se me pasará. No te preocupes.
Es la primera vez que se fija en esa sonrisa con la que sueña todas las noches. Le encanta verle sonreír.
-Siento mucho lo que te dije ayer por la noche. Utilicé mal las palabras, no quería decir que tú y yo nunca podríamos estar juntos. Solo es que, si tú fueras mi novia, seguro que yo te haría daño o algo, no tengo mucha suerte en lo que engloba al amor. Ya lo sabes.
-No lo sabrás si no lo intentas- dice ella incrédula. No sé cree que haya dicho eso. ¡Será tonta! Se va a reír de ella.
-¿Tú saldrías conmigo?- dice él sonriente.
Paula no responde, pero nota como sus mejillas empiezan a arder. Se está poniendo colorada, y Dani lo nota.
Siempre ha sido una chica muy reservada y tímida. Con cualquier halago que le digas, se pone roja. Pero a Dani le encanta verla así. Siempre que le pasa, se tapa la cara con ambas manos y hace por disimularlo.
Dani se la queda mirando, es preciosa. Se merece lo mejor, se merece a una persona que valore todas y cada una de sus cualidades, pero también que valore sus defectos. Una persona que la quiera y que le haga sentir como una auténtica princesa.
-Paula, puedo preguntarte una cosa.
La chica se quita las manos de la cara y ve como Dani se aproxima más a ella.
-Mira, me han llegado rumores que no sé si serán ciertos pero, solo tú me puedes responder.
Paulase pone nerviosa, pero intenta tranquilizarse tragando saliva y respirando hondo.
-Paula, ¿yo te gusto?- pregunta el joven algo nervioso, aunque no tanto como su amiga, a la que se le pasan un millón de respuestas por la cabeza. No decirle nada y seguir sufriendo por él en silencio, sería una de ellas. Eso es lo que su cabeza dice. Pero en estos casos el que manda es el corazón y, por una vez, va a hacerle caso. Respira más hondo que nunca para confesar por primera vez lo que tantos años lleva ocultando.
-Dani…-dice con la voz entre cortada- estoy poniendo en peligro nuestra amistad al confesarte que…llevo enamorada de ti desde que te conocí. Llevo llorando en silencio por ti, por cada beso que dabas a todas esas chicas, por cada abrazo, por cada caricia. Pero sé que no sientes lo mismo así que cuando me levante de aquí, necesito que olvides mis confesión, por favor. Ambos sabemos que es lo mejor para los dos.
Y sin mirar hacia atrás, con el corazón en la mano, Paula se aleja dejando a Dani sentado, asimilando todos los sentimientos de la chica. Siente algo por dentro, pero no sabe lo que es. Por un momento, ha sentido las ganas de callar a Paula con un beso. Nunca antes había sentido algo así.
Rápidamente saca su BlackBerry del bolsillo para teclear un mensaje de WhatsApp.

No puedo olvidarlo. He sentido algo Paula, pero no sé el que es. Dame tiempo, por favor.

De repente, al otro lado del recreo, un chica morena recibe el mensaje de Dani.





viernes, 22 de febrero de 2013

Capítulo: 13.


Capítulo: 13



-¿Habéis estudiado para el examen de sociales?- pregunta Raquel que acaba de entrar en el aula.
-Yo sí, bastante- dice Paula.
-Aquí los únicos que han estudiado lo justo son Andrea y Guille, ¿me equivoco?- dice Cristian.
Guillermo coge a Andrea por detrás y le da un beso en la mejilla.
-Has acertado. Pero por lo menos nos sabemos dos temas de historia.
Andrea consigue darse la vuelta y darle un beso cortito en los labios a su novio.
-Ohh…- comienza a decir Paula con voz aguda- es que sois tan monos. Estáis hechos el uno para el otro, en serio.
Ojalá ella estuviera así de bien con Dani. Daría lo que fuera para que ese sueño, con el que sueña desde hace tanto tiempo, se cumpliese.
-Os lo merecéis los dos.- dice una voz al lado de Raquel. Dani- Hacéis muy buena pareja.
Paula mira a los ojos de Dani por primera vez en todo el día. No ha olvidado su conversación de ayer por la noche, no ha podido dejar de pensar en eso. No tiene nada que hacer, solo un milagro podría hacer que estuvieran juntos.
Lo que Paula no sabe es que, no es la única en el grupo que se siente así. Marcos no encuentra el momento ni el lugar, para gritarle a Verónica a los cuatro vientos, que ella lo es todo para él y Marcos no es nada sin ella. Pero, un segundo… ¿dónde está Vero?
Suena el timbre que anuncia que la clase comienza, y con ella el examen de sociales.
-Buenos días chicos- saludo el profesoral entrar por la puerta. Recibe un saludo de todos los alumnos, a coro.- Sepárense y pónganse de uno en uno para comenzar el examen.
Todos y cada uno de ellos obedecen las indicaciones del profesor. Paula guarda todos sus apuntes en la mochila y, nerviosa, saca un bolígrafo azul y un tipex.
Intenta no pensar en Dani y concentrarse en las preguntas de la hoja que el profesor acaba de repartir.
-Tienen toda la hora. Ya pueden comenzar.
Raquel siempre suele terminar muy pronto los exámenes, no saca nueves y dieces, pero siempre aprueba con buena nota. Siempre que termina de responder todas las preguntas del examen, deja su boli encima de la mesa y se pone a mirar a la ventana. Por ella, puede ver un pequeño parque que hay al lado del colegio. Es un lugar muy significativo para ella. Allí es donde conoció a Cristian.
Se puede decir que la primera mirada que cruzaron, fue como una especie de amor a primera vista. Pero solo por parte de la niña de doce años con aparato en los dientes.
Y, desde que su ilusión hacia Cristian aumentó, ella no deja de mirar por la ventana, recordando cada gesto, cada palabra y cada mirada que tuvo con él.

Era una cálida tarde de verano, de esas tardes en las que solo te apetece bajar a la piscina y no salir del agua en toda la tarde. Pero, por culpa del virus que Marcos cogió, no pudieron ir.
-¡Mamá, pero yo quiero ir a la piscina!- protestaba Raquel- ¿Por qué no puedo ir yo sola?
-Ya lo hemos hablado, hija, eres muy pequeña. Y además, yo tengo que estar cuidando de tu hermano. Te prometo que iremos mañana, cielo.
-Pero…
-Nada de peros, ve a tu cuarto a jugar, venga- dijo su madre poniéndole el termómetro a Marcos.
Cabizbaja, Raquel entró en su cuarto y cerró la puerta. Siempre era culpa de Marcos que sus padres pasasen de ella. No era justo.
Se sentó en el suelo, con las piernas cruzadas como los indios y se puso los auriculares de su MP3. Cerró los ojos y empezó a escuchar su canción favorita en todo el mundo. Eres clan de la película, el Rey León 2. Le encantaba esa película. La mayoría de las canciones que escuchaba eran de Disney, y le encantaban.
-Raquel, voy a salir a comprar la medicina de tu hermano. No le molestes vale, está durmiendo.
-Vale, mamá- le dijo sin mirarla a la cara, concentrada en la canción.
Pudo oír el ruido de la puerta al cerrarse, estaba sola, ya que no contaba al dormilón de su hermano.
No quería quedarse en casa toda la tarde, pero tampoco podía irse sola a la piscina porque estaba muy lejos. Pero entonces, recordó una escena de la película el Rey León 2 que le dio una idea. En la película, Kiara, la hija de Simba, incumple las normas de su padre le impone y entra en las Tierras Oscuras.
Quizá ella debería hacer lo mismo que la pequeña leona. Por una vez, sentía esas ganas de saltarse las reglas y…vivir de alguna forma.
Aprovechando que Marcos dormía, cogió las llaves de su casa y, sin hacer el menor ruido, cerró la puerta. Bajó en el ascensor y abrió la puerta que conducía a la calle. Estaba fuera.
Cerca de su casa había un parque con bastantes niños para jugar, decidió ir allí. Quería montarse en el columpio más alto de todos, pero estaba ocupado. Así que, se sentó en un banco a esperar a que estuviese libre.
Ya llevaba varios minutos esperando cuando una pelota le golpeó en la espalda.
-¡Auu!- chilló Raquel- ¡Me has hecho daño!
-Lo siento, me amigo no tiene muy buena puntería- dijo un niño de pelo claro y una amplia sonrisa.
-Ya se ve, ya.
El comentario de la chica hizo reír al niño de la pelota. Parecía simpático y su sonrisa era muy agradable a la vista de cualquier chica.
-Me llamo Cristian, ¿y tú?
-Yo soy Raquel- respondió ella levantándose del banco y recogiendo la pelota del suelo. Dio dos pasos hacia atrás y golpeó la bola con el pie en la dirección donde se encontraba el patoso amigo de Cristian.
-Vaya, chutas muy bien- le dijo el niño. Raquel se puso roja. Le gustaba ese chico.- ¿Te apetece jugar con nosotros?
-¡Claro!- respondió ella emocionada. El fútbol no se le daba nada mal.
Los dos nuevos amigos se reunieron con el amigo de Cristian para jugar un rápido.
-Raquel, este es Daniel. Uno de mis mejores amigos.
Y desde esa tarde, también pasó a ser uno de los mejores amigos de Raquel. Pero, él que más le llamó la atención, fue ese chico de la sonrisa hipnotizadora. Esa sonrisa que se quedó grabada en el corazón de Raquel como un tatuaje imborrable.














Hola holita mis pequeños lectores^^ Siento mucho no haber podido publicar este capítulo antes pero he estado con muchiismos examenes :(
 Es pero que os guste mucho os dejo un video que, al igual que Raquel, también fue una de mis canciones favorita, lo es y lo será. Besotes muy grandotes:)

domingo, 10 de febrero de 2013

Capítulo: 12


Capítulo: 12



Otra vez, Daniel, vuelve a despertarse con esos gritos. Esos gritos que retumban en las paredes de su casa desde hace dos meses. Lo recuerda como si hubiese sido ayer.
Su padre volvió del trabajo más tarde de lo normal, y su madre se quedó en el salón de la casa hasta pasadas las once de la noche, esperándolo. Su padre, cuando entró en la casa, andaba a trompicones. No iba muy sobrio que digamos.
La madre se levantó de la silla en la que estaba sentada y, con grandes zancadas, se aproximó a su marido y comenzó a decirle, con la voz elevada, que podía haber llamado si llegaba más tarde porque estaba muy preocupada. Con cada frase, el tono de la voz de la madre de Daniel continuaba subiendo. Y su padre, cansado de oír las regañinas que decía ella, levantó la mano y la impactó en la cara de su mujer haciendo que ella cayese al suelo. De ahí, pasó a los insultos y a las amenazas que sobresaltaron a Tamara, le hermana pequeña de Dani, que corrió a la habitación de su hermano asustada.
Esos fueron los primeros maltratos y amenazas, que cada día, desde entonces, resonaban en la casa. Esa fue la primera noche en la que, Tamara, fue corriendo a la habitación de Dani. Asustada y llorando por los gritos.
Dani intentó convencer a su madre de que llamase a la policía, pero ella estaba demasiado asustada para hacerlo y siempre le decía:
-Ha sido un mal día, pronto pasará.
Pero, desde hace dos meses, Dani sigue esperando a, lo que le dijo su madre, se cumpla.
Sale de la cama y descorre las cortinas de la ventana. Es otro día de mucho frío en la cuidad. En Zaragoza siempre, para estas fechas, hace un frío horroroso. Pero, para Daniel, lo que menos le importa en estas fechas, es el frío. Pronto llegarán las Navidades y tiene miedo, mucho miedo, de cómo llegará su familia a pasarlas este año. Con todo lo que están pasando, pueden ser unas vacaciones muy frías. Y no sería por el tiempo.
Dani dejó de mirar por la ventana y se dirige a su armario cuando, de repente, ve la figura de su hermanita en la puerta de la habitación.
-Tamara…
-Papá y mamá se están peleando otra vez- dice la niña sorbiendo por la nariz y secándose las lágrimas con la manga de su pijama.
El chico deja todo lo que está haciendo y corre a abrazar a Tamara. Siempre lo ha dicho, es demasiado pequeña para vivir estas cosas y tiene miedo por su madre. Mucho miedo. Solo tiene once años y ha crecido muy deprisa, le ha tocado hacerlo.
-Todo terminará pronto, te lo prometo. No voy a dejar que te pase nada.
La pequeña se frota los ojos con los puños de su camiseta rosa y mira a su hermano.
-¿Por qué se pelean? ¡Es qué no lo entiendo, Dani!
No podía mentirle a su hermana pequeña, así que tenía que ser sincero. Él tampoco lo sabía.
-No lo sé Tamara. Yo tampoco lo sé.
A la niña le invaden esas ganas de romper a llorar otra vez, hasta que su hermano mayor la sujeta por los hombros y le dice:
-Pero lo que sí que sé es que todo volverá a ser como antes. Que todos volveremos a ser felices. Y que pronto, esa sonrisa que tanto me gusta, volverá a dibujarse en tu cara. Y yo seré el que lo consiga- la vuelve a abrazar- te lo prometo.
El abrazo entre los dos hermanos dura varios segundos, hasta que el pitido de la BlackBerry de Daniel, le avisa de que ha llegado un mensaje. Es Marcos.

Tío, date prisa hemos quedado hace diez minutos. No podemos llegar tarde otra vez al instituto. ¡Corre!

-Pequeña, me tengo que ir a clase. Le dije ayer a la madre de Sonia que te viniese a buscar hoy para ir al colegio con ella. Y por la tarde vendrá la abuela a estar contigo y con mamá.
-Está bien. Adiós.
-Hasta luego- le dice Dani dándole un beso en la frente a Tamara.
Sale de la casa y hecha a correr calle abajo. Cuando dobla la esquina puede ver a Guille, Cristian y Marcos esperándole, impacientados.
-¡Ya era hora!- grita Cristian.
-Lo siento, no he podido salir antes.
-Problemas con tus padres- le dice Guillermo- ¿Cómo está
Tamara?
-Pues bastante mal, todas las noches la oigo llorar en su cuarto y termina viniendo a mi cama, asustada.
De repente, a Dani se le entrecorta la voz y agacha la cabeza. Y sus amigos lo notan.
-Vamos Dani, todo terminará pronto ¿vale?- le dice Marcos intentado aliviarlo un poco.
-Es complicado- dice triste- pero bueno dejémoslo. ¿Qué tal estáis vosotros?
-Ansiosos. Guille nos tiene que contar algo muy importante, pero quería que estuvieras tú delante- dice Cristian.
-Bueno y, ¿qué es?
Guillermo no se iba a andar con rodeos, iba a ir directo al grano. Lo iba a soltar como una bomba antes de explotar. Y estaba decidido a hacerlo.
-Estoy saliendo con Andrea- dice dejando a sus amigos boquiabiertos.
Por la sorpresa, nadie dice nada. Han llegado al instituto y allí delante, están las chicas.















domingo, 3 de febrero de 2013

Capítulo 11:


                            Capítulo: 11

El agudo pitido del despertador la despierta a las siete y media de la mañana. Ha quedado a las ocho con Paula en la puerta de su casa y no puede llegar tarde al instituto.
Andrea apaga el despertador y su frota los ojos con los puños de las manos. Ayer fue la mejor tarde de su vida, cualquier chica la hubiese envidiado en esas dos horas. Aun tiene esos ojos azules clavados en su memoria y esa sonrisa imborrable en su corazón. Tanta gente en el mundo y ve en él lo que no ve en nadie más. Y no le importa, en absoluto.
-¡Andrea! ¿Ya estás despierta?- le grita su madre desde la cocina.
-¡Sí! ¡Ya bajo!
Bueno ya, ya, lo que es ya. No. Todavía no sabe lo que ponerse. Siempre el mismo dilema, pero ahora es mucho más complicado. La va a ver y no puede ir de cualquier manera.
Rápidamente abre el armario y, como no, no sabe que elegir. Va pasando las perchas llenas de ropa, hasta que encuentra el conjunto perfecto. Lo saca del armario y lo coloca sobre su cama.
Se decide por una sudadera roja con un dibujo de Mickey Mouse plasmado en negro, unos pitillos azules y sus converses de color blanco. Guapa pero cómoda. Ese es unos de sus famosos lemas.
Rápidamente se carga la mochila al hombro, corre hasta la cocina donde coge una tostada a las que le pega un mordisco y le da un beso a su madre con la boca llena.
Queda un minuto para las ocho y Andrea aún está bajando el ascensor. Tiene que llegar antes que Paula, aunque probablemente ella ya esté esperando. Es muy puntual.
Las puertas del ascensor se abren y Andrea sale disparada hacia la puerta del edificio y, como no, Paula ya está allí.
-¡Llegará el día en el que yo baje antes que tú!
-Lo dudo- dice Paula dándole un abrazo a su amiga.
Era una mañana fría de primeros de diciembre, quedaban tres semanas para Navidad. Tres semanas llenas de exámenes.
-¿Has estudiado mucho para el examen de sociales?- le pregunta Paula a Andrea.
-Bueno…más que sociales, he estudiado la boca de Guille- le dice la joven entre risas y tapándose la boca con la bufanda.
Paula se para en seco, recapitulando todo lo que acaba de escuchar. ¡Se había besado con Guillermo! ¡Por fin!
-Vamos a ver Andrea- empieza a decirle Paula- existen métodos para avisar de este notición a tu mejor amiga. Ya sabes el WhatsApp y demás medios.
Andrea se hecha a reír, pensaba que a Paula le iba a sentar mal porque no había estudiado, casi nada, lo que tenía que estudiar.
-Quería habértelo contado todo ayer pero quería dejarte con la intriga- dijo Andrea agarrando del brazo a su amiga aún atónita.
-Bueno y como fue, cuéntame.
-Le invité a estudiar a mi casa y, la verdad, ninguno de los dos se concentraba. Así que, como Guille tenía hambre, decidí ir a coger algo de comer y cuando volví, sin darse cuenta, me tiró el cuenco al suelo. Los dos nos agachamos a recogerlo y él no dejaba de pedirme disculpas hasta que, cuando me fui la levantar me tropecé y Guille me sujetó y…
-¿Y? ¡Venga no me dejes así!- dice Paula intrigadísima- ¿Qué me vas a decir que te besó?
Andrea no dice nada, solo trata de mirar a su amiga y asiente con la cabeza. Feliz. Muy feliz.
Paula se tapa la boca con ambas manos y empieza a saltar de alegría. ¡Los dos juntos, por fin! Se lo merecían, los dos. Nacieron para estar juntos. Al contrario que ella y Dani, y aun estaba más segura gracias a su conversación de anoche.
-¡Ey! ¿Qué te pasa Paula? De repente has puesto mala cara.
-Nada. Mejor te lo cuento luego- responde ella- allí están los demás.








LUNES.





LUNES.