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sábado, 18 de mayo de 2013

Capítulo: 24


Capítulo: 24


Ya son las ocho de la tarde. Lleva media hora de viaje, apoyada en el hombro de Guillermo, con los ojos cerrados. Le convenció de que le quitase la venda que se los tapaba antes de llegar a su destino. Si por ella fuera, no saldría del taxi. Se quedaría abraza a él, toda la tarde, toda su vida. Congelando el tiempo. Eso es lo que ella pensaba y deseaba antes de quedarse dormida apoyada en el hombro de Guille.
-Disculpe, ¿sabe más o menos cuánto queda para llegar?- le pregunta Guillermo al taxista. Se ha dado cuenta de que Andrea se ha dormido y quiere llegar lo antes posible.
-Nada señor, cinco minutos.
¡Menos mal! El viaje se le está haciendo eterno. ¡No puede esperar más! Tiene muchas ganas de ver la cara de su novia cuando vea la misteriosa sorpresa.
Guille vuelve la mirada la cara de su novia. Está más guapa que nunca, y se ha puesto así para él. Únicamente para él.
De repente, un escalofrío recorre el cuerpo de Andrea, lo que hace que se acurruque más a Guille.
-Perdone, le importa cerrar la ventana. Es que hace un poco de frío.
El taxista mira al muchacho con mala cara por el espejo.
-Claro- dice mientras pulsa un botón que hace que la ventanilla de atrás se cierre. Después murmura algo entre dientes.
Guille escucha el comentario despectivo del conductor pero no le hace caso. Nadie le va a arruinar la noche.
-Bueno pareja, ya hemos llegado. Son veintisiete con treinta.- les comunica el taxista. Guillermo saca el dinero de su bolsillo y se lo da en la mano al hombre. Le indica que se quede el cambio, aunque no es que se lo merezca
-¿Ya hemos llegado?- pregunta Andrea aturdida e incorporándose.
-¡Buenos días, dormilona!- le dice Guille dándole un beso en la frente.- Sí, acabamos de llegar.
Andrea se separa de su novio y estira los brazos y las piernas mientras bosteza.
-Por fin- termina diciendo- y, bueno, ¿cuál es mi sorpresa?
El chico la mira y se echa a reír.
-Todo a su tiempo, primero tenemos que llegar al sitio perfecto.
Andrea hace una mueca y más tarde chasquea la lengua.
-¿Está muy lejos? ¡Es que quiero llegar ya!- replica ella graciosa- Tengo muchas ganas de ver lo que me tienes preparado.
-Solo espera que te guste.
Ambos sonríen a la vez en una lucha de sonrisas. Hasta que la de Andrea se rinde y atrapa la de Guille con un beso. Ese es uno de los momentos mágicos que repetiría con Guillermo cada minuto.
El carraspeo del conductor del taxi, rompe la magia. Que oportuno…Rápidamente salen del coche y ven como este se aleja. Cuando desaparece, Guille se acerca a Andrea y le agarra la mano mirándola a los ojos.
-Nunca la sueltes, pase lo que pase.
-No lo haré- le responde ella con firmeza.
Vuelve a sumergirse en los ojos azules del chico. Esos ojos con los que ha soñado tantas veces y que ahora son suyos. Únicamente suyos.
Es la primera vez que Andrea se fija en el lugar donde se encuentran, y le resulta familiar. La hora de que las farolas de la calle se enciendan llega por fin. Ahora puede ver con mucha más claridad.
-No puede ser…- comienza a decir ella- ¡Me has traído a la Plaza del Pilar!
-¡Sorpresa!- le dice Guille agarrándola por detrás.
-¡Para esto tanto viaje en un taxi! Pero si estamos al lado de mi casa.- replica sin poder evitar alguna sonrisa.
-Tenía que hacer tiempo hasta que se hiciese de noche. Sólo se me ocurrió montarnos en un taxi.
-¿Te has gastado más de veinte euros en un taxi para nada?
-Ya sabes que el dinero no es ningún problema- le da un beso en la mejilla- vamos, por aquí. Un barco nos está esperando.
A Andrea no le da tiempo a preguntar nada más. ¡Un barco! Guille se ha vuelto loco, pero le encanta que organice estas cosas pensando en ella.
Llegan a la ribera del río, bajan unas escaleras y suben a un pequeño barco blanco y azul. Guille sube primero y, después,  ayuda a su novia a montar dándole la mano.
-Bueno y, ¿para qué me has traído aquí?- le pregunta ella curiosa.
-Para que veas esto- le dice Guille señalando el cielo.
Está despejado, no hay rastro de la niebla. Hoy ha sido un día con un tiempo horroroso, pero el mal tiempo ha dado paso a una noche perfecta. Las estrellas brillan sobre el cielo oscuro, miles de estrellas. Andrea nunca había visto las estrellas con tanta claridad en la ciudad.
-Es precioso- le dice la chica hasta que le mire fijamente a los ojos- Gracias por traerme aquí esta noche.
-No me las des. Además, lo bueno está aún por llegar.- le dice Guille rodeándole la cintura.- ¿Ves ese montón de estrellas con forma de nube? ¿La estrella del centro?
-Sí, ya la veo.
-Ahora es tuya.- le dice Guillermo entregándole un sobre de color marrón.
Andrea coge el sobre y, nerviosa, lo abre. En su interior hay varios papeles. De todos ellos, escoge una un poco más grueso que los demás. En él aparece dibujado el conjunto de estrellas en forma de nube y, rodeada con un rotulador rojo, la estrella del centro.
-¿Me has comprado una estrella?- dice Andrea emocionada. Nunca antes, nadie, le había regalado algo así.
-Entonces, ¿te gusta?
-Me encanta.
Le rodea el cuello con las manos y le regala un beso en los labios. Es un beso largo, intenso. Otra vez, lleno de magia y sentimientos.
-Vaya, si lo sé te regalo la estrella antes- le dice Guille haciéndola reír.
Ambos se sientan en el suelo, apoyando sus espaldas contra la pared del barco. Andrea deja el sobre encima de sus rodillas y abraza a su novio por la cintura mientras posa su cabeza contra su pecho. Esa noche llena de sorpresas, se ha convertido en el sueño de cualquier chica, y para Andrea, un sueño realidad.


 



 Ya he vuelto!! Siento mucho el haber tardado tanto en subir este capítulo. Solo espero que os guste, pequeños lectores. Besos^^:)

domingo, 5 de mayo de 2013

Capítulo; 23


Capítulo: 23


El eco del último acorde es lo único que su escucha en el dormitorio de Verónica. Es la primera vez que alguien le dedica una canción. Y, viniendo de Marcos, el detalle aun vale mucho más. Se ha convertido en su mejor amigo, él es como el hermano que nunca tuvo.
-Es preciosa- le dice Verónica emocionada- ¿Por qué nunca me has dicho que tocas y cantabas?
-Me daba vergüenza. Hay muchas cosas que la gente no sabe de mí y prefiero que no se enteren.
-Ya, la gente habla mucho y no sabe nada- le dice Vero dedicándole una sonrisa.
Marcos se remueve un poco el pelo, nervioso. Es guapísima. Le encanta verla sonreír, le brillan los ojos e inclina la cabeza ligeramente hacia la derecha. Definitivamente, le encanta. No hay suficientes folios en el mundo para redactar todas y cada una de las razones por las que necesita que, esa chica con el flequillo recto, esté a su lado en su vida.
-¿Tampoco sabe nadie lo de tus dibujos?
-No, sólo lo sabes tú. Y es mejor que sea así, ya lo sabes.
-En ese caso, me siento afortunada. Tienes mucho talento, Marcos.
El afortunado es él por tenerla. Por tener su amistad. Su amistad…eso algo que él siempre va a tener. Nunca la va a decepcionar. Pero Marcos quiere tener algo más que su amistad, y para conseguirlo debe actuar cuanto antes. Debe confesarle todo a Verónica. Es hora de que sus sentimientos salgan a la luz.
-Verónica, yo…tengo que contarte algo…verás yo- comienza a balbucear Marcos hasta que es interrumpido por su amiga.
-¿Te importaría volver a enseñarme algunos de tus dibujos?- le pregunta mientras se coloca sus gafas de pasta negra. Hace unos años que empezó a llevarlas. La mayoría del tiempo se pone sus lentillas, pero no le importa llevar sus gafas.
Marcos se sobresalta, no era eso lo que quería oír. Pero elige hacer primero lo que su amiga le pide. Agarra su mochila y saca su cuaderno de dibujos y se lo entrega a Vero. La chica comienza a pasar las hojas contemplando detenidamente cada dibujo de Marcos.
-No son muy buenos- dice él.
-¿Bromeas? ¡Son increíbles!- responde ella si apartar las mirad de las hojas del cuaderno. De repente, le enseña a su amigo el dibujo que más le ha llamado la atención. Se trata del retrato de una joven con gafas de pasta y el pelo recogido en una coleta. Verónica reconoce a la persona del dibujo en seguida.
-¿Esta soy yo?- le pregunta mostrándole el dibujo.
Marcos tarda en responder. Se siente la persona más estúpida del mundo. ¡Qué le responde! Está claro que ella es la del dibujo, pero no cabe duda de que se preguntará por qué ella. No lo había planeado así pero, no es una mala forma de confesarle todo. Una imagen vale más que mil palabras.
-Sí- le contesta Marcos- Y hay una explicación por la que tú eres la mayor parte de mis dibujos.




Hace un rato que el sol ha dejado de verse en Zaragoza. El cielo ha vuelto a encapotarse de nubes grises y el frío viento despeina el cabella de Raquel. Ha quedado con su madre en el bar que hay al lado de la tienda de vestidos de novia, donde ella trabaja. Tiene dentista en media hora, y su madre ha decidido acompañarla.
Durante la tarde, desde que Marcos se fue de la casa, no ha hablado con nadie más. Solo que con su madre. La noticia de su hermano le ha helado la sangre. No es que no le guste la idea de que se haya enamorado de Verónica, ella es una chica encantadora. Y, aunque ella y Raquel estén peleadas, nunca lo negará. Es la mejor chica que Marcos puede tener a su lado, pero tiene miedo por cómo puede terminar esta tarde. Si su hermano le confiesa sus sentimientos puede arrepentirse de ello. A Verónica le gusta Cristian, siempre le ha gustado. Y eso Marcos no lo sabe. Raquel se siente en parte culpable, ¿debería habérselo dicho? Cabe la posibilidad de que él no la hubiese creído. Sólo por el mero hecho de que ella y Vero están enfadadas, Marcos podía pensar que es una táctica de su hermana para que él se olvide de la joven.
El viento sopla con mucha más fuerza, lo que hace que Raquel acelere el paso y entre en el Rock and Blues. El lugar donde ha quedado con su madre.
Están todas las mesas llenas, así que se acerca a la barra y se sienta en uno de os taburetes. Pronto un camarero, con una voz familiar, se acerca a ella y le pregunta lo que desea tomar. La imagen de Hugo, el novio de Oriana, aparece delante de sus ojos.
-¡Hola, Raquel!- saluda entusiasmado el chico- ¿Qué haces tú por aquí?
-He quedado aquí con mi madre. ¡Qué casualidad! ¿Desde cuándo trabajas aquí?
-Ya van a hacer dos años. Mi padre es el dueño del bar, yo le ayudo algunas tardes que tengo libres.
Con un gesto le indica que espere. Rápidamente, Hugo va a atender a un hombre de anciana edad. ¡El mundo es un pañuelo! Quién iba a decirle que se lo encontraría en ese bar, y mucho menos el que su padre fuese el dueño.
-Bueno, dime, ¿qué vas a tomar?- le pregunta con una sonrisa. Raquel no responde al instante, la sonrisa del joven la deja paralizada por unos segundos.
-Una Coca-Cola, por favor.
-Muy bien. Enseguida te la traigo.
Desde su taburete ve como Hugo le prepara su refresco. ¡Qué guapo es! La vez que lo vio en el partido de Cristian no le prestó tanta atención, además, recuerda que su novia lo trató fatal delante de ellos. Seguro que es un chico encantador.
-Aquí tienes- le dice dándole el vaso.
-Gracias, ¿cuánto es?- le pregunta sacando el monedero.
-¡Ni de broma! Invita la casa- le dice Hugo rechazando su dinero.
-¡Eso si qué no! No pienso irme sin pagarte.
-Pues tienes para largo- le dice risueño- Hagamos una cosa. La cuenta queda saldada su aceptas a cenar conmigo mañana por la noche.
La propuesta la pilla desprevenida. Le apetece mucho cenar con él.
-Claro, acepto.
-¡Genial! Entonces quedamos a las ocho en la Plaza España, ¿te parece?
-Perfecto- dice despidiéndose de él con dos besos. Le tiemblan las piernas, ¿por qué le tiemblan las piernas? Se supone que es una cena entre amigos. Además, él tiene a Oriana. Que, a decir verdad, su relación no está saliendo como Hugo esperaba.
Raquel se despide del chico con una gran sonrisa en la cara. Se quedaría toda la tarde compartiendo risas y Coca-Colas con él, pero su madre acaba de entrar por la puerta del local.



 
 Este es el Rochk and Blues de Zaragoza.