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martes, 30 de abril de 2013

Capítulo: 22



 
Capítulo: 22


-Hola guapo- responde ilusionada por su llamada- tengo muchas ganas de verte y de saber cuál es la sorpresa que me tienes preparada.
Guillermo ríe al otro lado de la línea telefónica. Él también tiene muchísimas ganas de verla. Tantas que ni ella se las imagina.
-Estoy seguro de que te va a encantar la sorpresa.
-¿No vas a darme ninguna pista para saber lo qué es?
Andrea oye a Guille dudar al otro lado.
-No, te vas a quedar con la intriga.
-¡Jo, no es justo!- se queja imitando una rabieta de niña pequeña. 
Sonríe. Le encantan esos enfados tan fingidos. Se la imagina sentada en su silla con las piernas cruzadas y poniendo morritos. De repente, deja de sonreír. Ojalá estuviera allí con él. Echa de menos abrazarla, rozar cada centímetro de su piel, probar sus labios una y otra vez. Dejarse llevar a su lado.
-Te echo de menos, Andrea. No sabes cuánto. Llámame paranoico porque sólo hace unas horas que nos hemos dejado de ver y ya estoy deseando tenerte a dos centímetros de mí. Acariciarte y abrazarte. Pensarás que estoy loco porque no llevamos no veinticuatro horas juntos, pero han sido las mejores horas de mi vida y voy a hacer que esas horas se conviertan en días, meses y, haré lo que sea para llegar a los años. Ahora que estamos juntos, no voy a dejar que nada lo estropee. Te quiero pequeña.
Andrea no puede evitar el emocionarse al escuchar las palabras que el joven le dedica a ella, exclusivamente a ella.
-¿Estás llorando?- le pregunta Guille.
-Me he emocionado al escucharte hablar- dice Andrea limpiándose las lágrimas con la manga de su sudadera- Yo también te quiero.
-¿Sabes? Ahora mismo debemos de ser la pareja más empalagosa del mundo.
-Sí, y no me importa. Porque seguro que en este momento, soy la chica más feliz del Universo solo por tener al mejor chico a mi lado.
Al escucharla, Guille siente como si un millón de mariposas revoloteasen en su estómago. Él afortunado es él, ella podría estar con cualquier tío, sin embargo, está con él. Y es una sensación que solo Guillermo puede experimentar.
-Bueno voy a terminar de preparar tu sorpresa. Luego nos vemos pequeña.
-Hasta luego. Un beso.
Ella es la primera en colgar. Guille no se aparta la BlackBerry de la oreja hasta que oye ese pitido constante que anuncia el fin de la llamada. Se guardo el Smartphone en el bolsillo y suspira. Ese cosquilleo aun no se termina de ir, puede que nunca se vaya. No le importa vivir sin esa sensación, porque eso significa que lo que siente por Andrea crece día a día.
-¡Guillermo, ven al salón, por favor!- le grita su madre desde el piso de abajo.
Abre la puerta de su habitación y atraviesa un largo pasillo. Vive en una casa bastante grande. Su padre la compró cuando heredó todas las empresas de su padre. Conoció a su madre y se casaron cuando ella ya estaba embarazada de Guillermo. El negocio de su familia daba mucho juego a otras empresas de varios países extranjeros, así que las empresas del padre del joven se convirtieron en las más populares del mundo.
Guille siempre se ha sentido muy orgulloso por todo el esfuerzo que su padre ha hecho para estar donde ha llegado, pero a veces desearía tener una familia normal. Una familia unida. Su padre casi nunca está en casa por temas de su trabajo y su madre aprovecha la ausencia de su marido tener más tiempo para ella, o así es como ella lo llama.
Hay momentos en los que Guille se siente solo y busca ese cariño que solo su familia le puede proporcionar.
-Dime, mamá- le dice Guille.
-Voy a salir a hacer varios recados. No creo que venga a cenar y tu padre no volverá hasta mañana por la tarde. Ha tenido que hacer un viaje muy importante.
-Está bien- le dice él desganado y dándole la espalda.
Este día se suma a otro de los muchos en los que sus padres no estarán presentes para compartir nada con él. Ellos no saben que ha comenzado una relación con Andrea, y es mejor así. Seguramente sus padres quieran a una chica estirada y mimada. Pero es su vida y él decide con quien compartirla.
Vuelve a entrar en su dormitorio, en quince minutos tiene que recoger a Andrea, le da tiempo. Coge su bote de colonia y se espolvorea gotitas del perfume en su cuello. Después abre un cajón en el que guarda todas sus gorras, se decanta por una New Era de color rojo y el símbolo de la marca en blanco. Antes de salir, baja corriendo al despacho de su padre, donde dejó un sobre muy importante para esa tarde. Ese sobre contiene la sorpresa de Andrea.
Sin avisar a su madre, sale de la casa y coge la línea treinta y ocho que le lleva a casa de su novia. Durante el trayecto juega con el sobre, nervioso. Solo espera que le guste. Sí, ¡seguro qué le gustará! Y, seguramente, también se emocione cuando descubra lo que contiene el sobre. Nunca nadie le ha regalado nada parecido a lo que Guille guarda para ella. Aunque, solo es una forma más de demostrarle todo lo que siente, es una forma diferente, mágica. Una forma que siempre va a estar permanente en el mundo, que nunca va a desaparecer ni a desvanecerse.
Antes de bajar del vehículo, Guillermo llama a un taxi para que acuda a la calle donde vive Andrea. La megafonía del autobús anuncia la siguiente parada, es la de Guille. Rápidamente salta a la calle y levanta la vista. Delante de él hay una figura de una chica rubia de grandes ojos azules. Andrea no deja que pronuncie ni una sola palabra, se impulsa y lo abraza sujetándose a él con los brazos y rodeándole la cintura con las piernas. Ambos disfrutan de aquel momento. Andrea se siente como si volara, sentirlo tan cerca hace que su corazón se acelere y, siente como si no fuera dueña de su cuerpo, que este sólo respondiera a sus impulsos.
Guillermo la posa de pie en el suelo y le regala un tierno beso en los labios. Otra vez ese hormigueo, esas mariposas que revolotean en su estómago. Nunca se cansará de eso.
-Bueno, no me tengas más en ascuas, ¿a dónde me llevas?- le pregunta Andrea después del beso.
-Aun no puedo decírtelo, pero tienes que hacer lo que yo te diga- le dice mientras ella asiente- Primero tenemos que montarnos en ese taxi de allí.
Guille señala a un vehículo blanco aparcado en la esquina. Ese será su carruaje para esa tarde de cuento. Caminan hasta el taxi y se sientan en la parte trasera del coche.
-¿A dónde les llevo?- pregunta el taxista.
-A esta dirección- le dice Guille entregándole un papel con el nombre de su destino. De esa forma, Andrea no averiguará el lugar a dónde van.
El taxi se pone en marcha y Guille saca un pañuelo largo de color negro de su bolsillo y se lo da a Andrea.
-¿Qué hago con este pañuelo?
-Tienes que taparte los ojos con él- le indica. A la joven no le gusta la idea de taparse los ojos para no ver nada, pero accede después de otro tierno beso por parte de su chico. Guillermo ayuda a atárselo y comprueba que no ve nada. Listo.
Andrea está muy nerviosa, no tiene ni idea de lo que se le espera. Su novio es capaz de hacer cualquier cosa por ella, de eso no tiene duda alguna. Se sienta mucho mejor cuando Guille acerca suavemente la cabeza de su novia hacia su hombro y la abraza por detrás de  la espalda. Ahora más que nunca está segura de no tener ninguna duda.





Huuoolaaas mi pequeños lectores:) TENIA MUCHISIMAS GANAS DE SUBIR ESTE CAPITULO:) jajajaja espero que os guste^^ Por cierto se me ha ocurrido otro titulo para la segunda parte de esta novela, se me ha ocurrido: Perdona, pero esta noche he soñado contigo.
Decidme si os gusta pleaseeee jaja
Besotes:D





martes, 23 de abril de 2013

Capítulo: 21


Capítulo: 21


Ha pensado varias veces en llamarla. Llamarla para contarle que la ha tenido delante de sus ojos todo este tiempo y ha estado tan ciego de no darse cuenta de que es ella la que le puede hacer feliz. Daniel ha tenido muchas tentaciones de marcar el número de Paula, pero sabe que es mejor decírselo a la cara mañana por la mañana. Desde que ha llegado a su casa no ha dejado de pensar en cómo confesarle su decisión. Tiene que hacerlo de la mejor manera posible, su deber es sorprenderla. Ahora y todo el tiempo que estén juntos. Ella se lo merece.
Siempre ha salido con las chicas por puro entretenimiento, esto no va a ser así con Paula. Va a tratarla como se merece, como una princesa. Andrea tiene razón, debe escuchar a esa voz que le dice que lo suyo con Paula puede funcionar. De eso está totalmente seguro.
Le gusta y, seguramente menos que mañana. Quiere hacerla feliz, además puede hacerlo.
Un fuerte portazo avisa a Dani de que alguien acaba de entrar en la casa. Duda mucho de que sea su padre, seguramente hoy vuelva otra vez ya pasadas las diez de la noche. Como siempre desde hace varios días.
-¡Hola! Ya estamos en casa- anuncia una aguda voz.
Dani sale de su habitación y camina por el pasillo para recibir a Tamara y a su abuela que la acompaña.
-Hola pequeña- dice dándole un fuerte abrazo- ¿Qué tal ha ido el colegio?
-Muy bien, mira he sacado un sobresaliente en mi examen de inglés- le dice entregándole el folio del control.
-¡Muy bien Tamara! Estoy muy orgulloso de ti. Venga, corre a dejar tus cosas y merendamos juntos.
Le da un último beso y se la observa como entra en su habitación dando pequeños saltitos.
-Lleva así todo el día. Verla tan contenta hace que todos los problemas desaparezcan, pero no es así, todo sigue igual- le dice su abuela mientras cierra la puerta de la casa. Dani se acerca para darle dos besos en las mejillas.
-Estoy seguro de que esto terminará pronto, abuela.
-¿Cuándo? Daniel tu madre no va a denunciar a la policía, piensa que esto es una mala racha pero no es así. Tu padre ya no es el mismo, tú lo sabes.- le dice la anciana con los ojos vidriosos.
Dani mira al suelo compungido. Esta situación también le ha afectado mucho a su abuela. Ver a su hija machacada por ese canalla la destroza por dentro.
-Tengo que hacer algo, abuela.
-Pero Daniel, ¿qué vas a hacer tú?- le pregunta gesticulando con las manos.
-Voy a pararle los pies a ese hombre al que llegué a llamarle papá. Te juro que no va a volver a tocar a mi madre en su vida- le comunica muy decidido. Ya es hora de tomar las medidas necesarias para terminar con esta pesadilla.
-No, eso sí que no. No te lo permito. ¿Quieres que también te maltrate a ti? Lo mejor es llamar a la policía, ellos sabrán lo que hacer.
-Abuela, escúchame- le dice Dani agarrándole ambas manos- necesito que te quedes aquí hasta la noche. Necesito que cuides de Tamara hasta que mi padre venga y yo le haga pagar todo lo que le ha hecho a mi madre.
-¡Daniel, estás loco! ¡De verdad crees qué puedes con él! ¡Sólo tienes quince años! Tu padre te dobla la edad, y con ella la fuerza. Puede hacerte mucho daño Daniel, y no puedo ver a nadie más de mi familia sufrir de esta manera.
Con esas últimas palabras, la abuela de Dani rompe a llorar.
-Te prometo que no me pasará nada, sólo tienes que hacer esto que te pido. Abuela, sé que es muy difícil para ti pero, cuando mi padre llegue a casa, tú y Tamara encerraros en mi cuarto. Una vez allí, coge el teléfono de mi mesilla y llama a la policía. En un caso como este no tardarán en llegar. Te juro que esto terminará pronto, pero hazlo que te pido y, por favor, hasta que la policía no esté en la casa, ni tu ni me hermana salgáis de la habitación. Prométemelo.
La mujer no puede creer lo que va a hacer, sabe que con la solución de su nieto esta tortura terminará, pero teme por él. Su padre no es el mismo hombre, y puede hacerle mucho daño sin ningún remordimiento.
-Te lo prometo. Pero temo por ti, Daniel. A saber lo que puede llegar a hacerte ese monstruo en el que tu padre se ha convertido.
Lo que dice es cierto, puede salir muy mal parado de esa situación, pero ese papel le corresponde a él. Ahora es el hombre de la casa y su responsabilidad es hacer que su familia sea lo más feliz posible. Sobre todo Tamara. La pequeña lo ha pasado muy mal durante todo este tiempo, todas las noches la oía llorar desde su habitación mientras se escuchaban los insultos, golpes y amenazas. Dani ha intentado intervenir varias veces, pero su madre siempre le mandaba volver a su cuarto y encerrarse. Esta noche eso no volverá a pasar. No se volverán a oír insultos ni golpes. Esa noche, todos podrán dormir tranquilos con la esperanza de que ese canalla nunca más interrumpirá en sus vidas. Esa noche Dani podrá ver como su hermana se adentra en sus sueños más profundos y dejar de vivir esa pesadilla que, hace varios días se convirtió en realidad.


domingo, 21 de abril de 2013

Capítulo: 20




Capítulo: 20


-Bueno pues- le sigue relatando Marcos a su hermana- desde que empecé las clases de refuerzo con Verónica, empezó a gustarme. A…a gustarme mucho.
Marcos cierra los ojos con fuerza, esperando la mala reacción de Raquel que no termina de llegar, al contrario. Cuando vuelve a abrir los ojos le ve relajada, con los brazos cruzados a la altura del pecho. Eso es lo que Marcos ve por fuera, pero no puede averiguar la que Raquel ha podido pensar al oír la noticia. En el fondo sigue apreciando a Vero, fueron las mejores amigas durante mucho tiempo, y eso es muy complicado de olvidar.
Raquel apoya su espalda contra la pared y, resoplando, mira al suelo.
-¿Por qué ella?
Vuelve a mirarlo a los ojos. ¡Con todas las chicas que hay en el mundo, ha tenido que fijarse en Verónica! No le culpa, él no manda sobre su corazón. Nunca lo ha hecho. Peo quiere un explicación, quiere saber porque ella.
Marcos da un salto y se sienta sobre la encimera del baño pensando muy bien cuáles van a ser sus palabras. No va a andarse por las ramas, tiene que ser claro. Y, le guste o no le guste a su hermana, sus sentimientos no van a cambiar. No hay nada que los haga cambiar.
-Porque, es la única persona que me entiende, que me acepta tal y como soy. Antes sólo era un engreído y un arrogante, tú lo sabes muy bien Raquel.- le narra mientras ella asiente y escucha con atención- No me importaba nada la vida de los demás y pensaba que el Universo giraba a mi alrededor. Que yo era el centro de la vida de todos las demás, y no es así. Verónica fue la que me ayudó a entender que en la vida no todo es blanco o negro, también existe el color gris. Ella me ayudó a convertirme en lo que soy ahora, me enseñó que debo luchar por lo que quiero. Me enseñó a ser en lo que hoy me he convertido.
Raquel se frota los ojos con ambas manos. Sabía que se hermano había cambiado desde que se hizo amigo de Vero, pero nunca le había demostrado ese lado tan profundo. La verdad, es que nunca habían hablado de los sentimientos de Marcos. Siempre fue un chico muy cerrado e inseguro de sí mismo. Esa inseguridad sigue ahí, pero mucho más oculta. Ahora su forma de ser es muy diferente. Y todo se lo debe a Verónica.
-Y voy a luchar por ella. Voy a demostrarle que merezco la pena. Y hoy es ese día, hoy voy a confesarle todo lo que siento. Y sí, ya lo sé, ella está enamorada de Cristian. Pero me da igual, voy a demostrarle que soy mucho mejor que él. Y aunque sea mi amigo, en el amor y en la guerra todo vale. Eso es lo que dices tú, ¿no?
-Sí, pero, Marcos así empezamos Verónica y yo y mira como hemos terminado. No quiero que te pase lo mismo con Cristian.
Marcos baja de la encimera y mira fijamente a los oscuros ojos de Raquel.
-No pienso renunciar a Vero- le dice muy seguro mientras ella le sonríe.- Luego nos vemos.
Le da un beso en la mejilla y sale del cuarto de baño. Entra en su habitación y coge una funda muy grande de color negro en la que guarda su guitarra. Más tarde, cuando salga de la casa de Verónica, tiene que ir a dar una clase de guitarra a unos niños de doce y once años.
Con un grito anuncia que va a salir. Corriendo, empieza a bajar las escaleras. Sale del edificio y se pone la capucha. Está refrescando, desde que ha terminado de llover y ha salido un ratito el sol, el aire ha comenzado a moverse.
Ambas casas no están muy separadas, sólo están a una manzana de distancia. Por fin ha llegado. A la vez que el entra en el portal una chica más joven que él sale con una cartera de color azul que le saluda alegremente.
Rápidamente, sube las escaleras que le llevan a casa de Vero. ¡Qué ganas tiene de verla! De ver sus ojos, de notar sus labios sobre sus mejillas cuando le de dos besos, de ver su sonrisa… es perfecta la mires por donde la mires.
Está delante de su puerta. Presiona el timbre que emite una suave musiquilla.
-¡Hola, Marcos!- saluda contenta- ¿Cómo estás?
-Hola, muy bien, ¿y tú?
-Un poco mejor, ya no tengo fiebre. Bueno no te quedes ahí, pasa y ponte cómodo.
-Gracias- le contesta sonriente. Siente como su corazón se acelera por segundos. Le sudan las manos al pensar que está a punto de confesarle todo.
Juntos entran en el cuarto de la joven. Marcos no puede evitar mirar las paredes forradas de fotos. Fotos de todo el grupo. De los ocho.
-¿Eso es una guitarra?- le pregunta ella curiosa.
-Sí- dice el apoyándola en el suelo- luego tengo clase con unos niños. Llevo dándoles clases dos años.
-Vaya, eres una caja de sorpresas- le dice sentándose en la cama agarrándose las piernas con los brazos.
Marcos le muestra una de sus mejores sonrisas. Es lo mejor.
-Bueno toco la guitarra, pero también canto un poquito.
-¿En serio?- dice ella asombrada- Cántame algo.
-Mejor no en serio, no canto muy bien.
-Por favor, me encantaría escucharte- le suplica Verónica sujetándole la mano.
No se puede negar. Saca su guitarra de la funda y se coloca en la posición adecuada.
-¿Alguna petición?- le pregunta él sonriente.
-Sorpréndeme.
Marcos empieza a pensar. Tiene que ser una canción acorde con ella, una canción perfecta. La tiene.
El chico carraspea antes de ponerse a cantar Just the way you are de Bruno Mars. La guitarra empieza a escucharse, más tarde se oye la voz de Marcos.
-Oh, her eyes, her eyes make the stars look like they're not shinin'Her hair, her hair falls perfectly without her tryin'She's so beautifulAnd I tell her everyday.
Verónica escucha atentamente, le encanta esa canción. Su amigo siempre termina sorprendiéndola. Ha cambiado mucho, y le gusta ese cambio. Sabe que ella ha contribuido en el. Desde que comenzaron las clases de refuerzo, se hicieron inseparables. Él sabe todos y cada uno de sus secretos. Pero, lo que ella no sabes es que, ese chico que está cantando esa canción llena de sentimientos, los siente de verdad por ella.


 




Huuoolaaas mis pequeños lectores^^ siento mucho haber tardado tanto pero los exámenes me quitan todo el tiempo de escribir. Bueno, no me enrollo más. ESPERO QUE OS GUSTE!! :)
                                       Besoteeees muuuuy graaandoteeees:)

sábado, 13 de abril de 2013

Capítulo: 19


Capítulo: 19


No deja de mirar el reloj de su habitación. Parece que las manecillas del reloj no avancen. Que nunca vaya a llegar la hora de ver a Verónica.
Marcos lleva más de veinte minutos delante del espejo bajo la mirada de su hermana que le sonría graciosa.
-¿Se puede saber qué haces tanto rato pegado al espejo?
-Nada, ahora mismo salgo- le responde Marcos sin dejar de mirar su reflejo.
-Eso mismo dijiste hace un cuarto de hora.- dice Raquel acercándose más a su hermano- ¿Vas a alguna parte?
Marcos tartamudea antes de contestarle. Pensativo, decide no contarle nada. Es verdad que es su hermana y la quiere, pero prefiere guardarse sus sentimientos para él. Además Raquel y Verónica no se hablan, así que no sabe cómo le sentaría a su hermana. Es mejor no decir nada.
-Sí, pero no es ningún sitio importante. No tardaré en volver.
-Si no fuera un sitio importante, como tú dices, no te pegarías media hora delante de un espejo.- le dice Raquel colocándole una mano sobre su hombro.- Venga Marcos, soy tu hermana y quedamos en que ya no habría más secreto ni mentiras entre nosotros. Puedes contarme lo que quieras, ¿lo sabes, no?
Marcos suspira y deja de contemplarse en el espejo para darse la vuelta y mirar a Raquel.
-Claro que lo sé, Raquel.- dice mientras la abraza- Pero…puede que si te lo cuento te enfades, y no quiero correr ese riesgo.
-¿Es qué es algo malo? ¿Algo qué tenga que ver conmigo?
-¡No, claro que no!- responde el rápidamente- No es nada malo, al menos para mí. En realidad es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.
-¿Entonces?- le pregunta Raquel confundida- ¡Vamos cuéntamelo ya!
Marcos coge aire y lo suelta lentamente por la nariz. Tiene que contárselo, sino su hermana no parará hasta conseguir sonsacárselo. La conoce muy bien. Demasiado bien.
-La verdad Raquel es que… ¿recuerdas cuándo Verónica comenzó a ayudarme con los estudios?
-Sí, claro- responde ella de mala gana. Pero, a quien le puede engañar, desea con todas sus fuerzas volver a ser amiga suya. Volver a ser su mejor amiga. Pero en pocos segundos, siempre le viene a la mente aquella tarde en casa de Paula.

-¡Deja de tirarme palomitas a la cara!- grita Andrea fingiendo estar enfadada.
-No haber empezado tú le guerra de almohadas. Te debía unas diez por los golpes que me has dado con mi cojín de Minnie Mouse- le dice Paula preparando otra palomita.
Andrea se levanta del suelo y se abalanza sobre Paula. Las dos forcejean al tiempo que sus risas se escuchan escandalosas. Agotadas se sientan sobre la cama de Paula que le da un beso en la mejilla a Andrea. Nunca se han enfadado. Desde la muerte de Inés, Paula tuvo que cambiarse de colegio porque todo lo recordaba a su amiga. Pero sus padres decidieron esperarse al fin de curso, no querían que su hija dejase el colegio cuando solo faltaba un mes para terminar las clases. Ese mes fue el peor en la vida de Paula. Por suerte, ese mismo verano, conoció a Andrea, Guillermo y Daniel. Le cayeron bien en seguida, sobre todo aquella chica rubia y bajita. Andrea fue su gran apoyo para superar lo de Inés, se volvieron inseparables. Al ver las buenas migas que había hecho Paula con esos tres jovencitos, sus padres decidieron llevarla a su mismo instituto.
Desde ese día de verano, la amistad entre Andrea y Paula, cada día se hace mucho más fuerte.
-¡Tengo una idea!- grita Raquel que está sentada sobre un puf de color morado- ¿Qué os parece si jugamos a prueba o verdad?
-Sí, porque no- dice Verónica- pero hay que ser completamente sinceras, ¿vale?
-¡Claro! ¿Quién empieza?
-¡Yo!- grita eufórica Andrea- Paula, ¿prueba o verdad?
-Mmm…prueba- dice la joven- ¿Pero no te pases conmigo, eh?
Andrea no hace mucho caso a la advertencia de su amiga y se levanta de la cama para mirar por la ventana.
-¡Ya lo tengo! Ven Paula, acércate a la ventana.
Paula se levanta y camina hacia el cristal. No se fía de Andrea en estos casos.
-¿Ves a ese chico de la sudadera negra sentado en el banco de la acera de en frente?- le pregunta la joven rubia.
-Sí.
-¿Te parece guapo?
Paula lo mira con detenimiento.
-Sí, no está mal. ¿Qué quieres que haga?
-Quiero que le pidas su número de teléfono.
Raquel y Vero comienzan a gritar animando a su amiga a que realice la prueba.
-¡¿Qué?! ¡No pienso hacer eso!- chilla Paula.
-No te puedes negar- le dice Andrea- pero estoy segura de que Raquel te puede ayudar a lanzarte.
-Tú déjamelo a mí, Paula.
Raquel se acerca a la ventana y la abre. ¿Qué va a hacer? Ella es capaz de hacer cualquier cosa, no tiene vergüenza de nada. No como Paula que se pone roja en seguida delante de cualquier situación comprometida.
-¡Oye guapo!- comienza a gritar Raquel- ¡Sí, tú el de la sudadera negra! ¡El del banco!
En ese momento, Paula no puede reaccionar. Andrea y Verónica le sujetan los brazos por detrás, inmovilizándola.
Raquel les hace una señal a sus amigas para indicarles que el chico ha encontrado la ventana de donde procedían los piropos.
-¿Me hablas a mí?- le pregunta el joven a Raquel.
-Sí, mira es que mi amiga quería pedirte una cosa pero es muy vergonzosa.
Desde la acera de la calle, el chico deña sudadera negra sonríe. Pero, antes de que pueda decir nada, Raquel desaparece del balcón y empuja a Paula hacia a fuera. Ahora es su turno en el juego, y cuando antes termine, mejor.
-Tú debes de ser la supuesta amiga, ¿no?- pregunta el chico.
-Eh…yo…sí, soy yo.- balbucea Paula con las mejillas ardiendo- Verás, es que te he visto antes por la calle y…me preguntaba si…po…podía darme…tu número de móvil.
El chico le sonríe. Tiene una bonita sonrisa, a decir verdad, la segunda mejor del mundo. Para ella, Dani tiene la primera con diferencia de todas las demás.
-Claro, espera un segundo- le dice el joven.
Avergonzada, Paula cierra le ventana y vuelve a la habitación.
-¡Prueba superada!- grita Raquel- ¿A quién le toca?
-A Paula.
-Muy bien, Vero ¿prueba o verdad?
-Verdad, sin duda.
-¿Te has enamorado alguna vez de alguien?
Todas las miradas se clavan en Vero. Es el momento de contarles a sus amigas toda la verdad. Lleva mucho tiempo callada y, lo mejor es que la verdad salga a la luz.
-Sí- comienza a relatar la joven- la verdad es que, llevo varios meses enamorada de Cristian.
Durante varios segundos, lo único que se escucha en la habitación, es el ruido de las manecillas del despertador de Paula. Raquel es quien rompe ese silencio.
-No estarás hablando en serio, ¿no?- le dice mientras Verio asiente con la cabeza- Esto es increíble. ¿Cómo has podido hacerme esto? ¡Desde un principio sabías lo que yo sentía por Cristian! Todas lo sabíais. ¡La última persona que me imaginaba que me haría algo así eras tú, Verónica! ¡Eras mi mejor amiga! Y eso no se le hace a una amiga.
Raquel se levanta de su sitio y comienza a recoger sus cosas en una mochila de color azul vaquero. Vero la ha traicionado, ella conocía sus sentimientos. ¡Lo sabía desde el primer momento!
-Raquel, yo no puedo evitarlo. No puedo cambiar lo que siente mi corazón.
-¡Venga ya! ¡No me vengas ahora con sentimientos del corazón! Eras mi amiga y tú has echado a perder esa amistad.- le reprocha Raquel antes de abrir la puerta- ¡No vuelvas a hablarme en tu vida!
El fuerte golpe de la puerta al cerrarse es lo último que retumba en la cabeza de Raquel siempre que piensa en esa tarde, en esos minutos en los que la amistad entre ella y Vero, se perdió. Pero el tiempo les demostrará que la amistad es el tesoro más valioso.


        





Huuoolaas mis pequeños lectores:) Siento mucho haber tardado tanto en publicar pero tengo bastantes exámenes, así que no sé cuando podré volver a subir otro capítulo. Quería dedicar este capítulo a todas las personas que tienen un mejor amigo@ a su lado. Que nunca se rompa esa amistad entre vosotros porque vuestra amistad está por encima de todo y de todas las cosas. 
También quería publicar este capítulo ahora porque el martes 16 de este mes es mi cumpleaños jeje si por fin cumplo 15 añitos, y quería celebrarlo con todos vosotros con este capítulo sobre la amistad.
Muchos besos^^

sábado, 6 de abril de 2013

Capítulo: 18


Capítulo: 18.


En su habitación no deja de sonar Give me love de Ed Sheeran. Es la quinta vez que Andrea escucha esa canción tumbada en la cama de su cuarto. Lleva así desde que llegó del instituto.
Su madre le dejó una nota en la que le decía que iba a salir a comer con Ángel y que tenía la comida prepara, solo tenía que calentarla en el microondas. Desde que conoció a Ángel, su madre casi no pasa tiempo en casa. Antes siempre hacían cosas juntas, ahora hay días que solo la ve por las mañanas antes de ir al instituto. La echa de menos. Ángel le cae bien, pero nunca ocupará el lugar de su padre. Desde que sus padres terminaron con su relación, el padre de Andrea decidió irse a vivir a Madrid y Andrea se quedó con su madre en la ciudad. Todos sus amigos están aquí y, ahora más que nunca, hay algo que le impide irse de aquí. Alguien que ha hecho que las últimas veinticuatro horas hayan sido las mejores de su vida. Guille es el culpable de que se sienta la chica más feliz del planeta. Andrea suspira, en estos momentos solo tiene un deseo, y es que esta felicidad dure para siempre. Sabe que un para siempre es mucho tiempo, pero nada le haría más feliz que la eternidad al lado de Guillermo.
Es el final de la canción. Nunca se cansará de escucharla, además le recuerda a él, como muchas otras cosas.
El pitido de su BlackBerry hace que vuelva a la vida real. Tiene un mensaje de WhatsApp. Al ver quien se lo manda no tarda nada en abrirlo.

Solo han pasado veinte minutos desde que nos despedimos y ya te he hecho de menos. Tengo una sorpresa para ti. Pero tendrás que esperar hasta que se haga de noche para poder saber lo que es. Quedamos a las ocho y media en la puerta del instituto.
Te quiero, pequeña.

Nunca dejará de sorprenderla. No tarda en responderle que allí estará, y que espera ansiosa su sorpresa. Aunque tendrá que pedirle permiso a su madre, pero hará lo posible por estar allí.
Andrea piensa en lo que puede ser la sorpresa, pero seguramente, sea lo que sea, no la decepcionará.
Vuelve la mirada hacia el despertador que tiene en la mesilla al lado de la cama, ya son las cuatro y media de la tarde. Faltan tres horas y media para poder verle de nuevo. ¡Se muere de ganas! Él es como una adicción inevitable para ella.
Hay personas adictas al tabaco, otras pueden ser adictas al chocolate, pero Andrea es adicta a Guille. Cuando no está a su lado, siente como si una parte de su corazón se hubiera volatilizado. Cada vez que no está junto a él, esa parte de su corazón siempre acompaña al joven. Aunque, a decir verdad, su corazón le pertenece. Siempre ha sido suyo.
Andrea se deja caer de espaldas sobre la cama y, sin razón alguna, comienza a sonreír. A sonreír como una tonta enamorada.
De pequeña pensaba que el amor era una auténtica tontería, que el llegarse a enamorar de una persona, era algo superficial. Andrea mira al techo, ahora la superficial es ella. Pero no le importa, porque ha entendido que el enamorarse de un persona, el sentir esas mariposas revoloteando en tu estómago cada vez que sientes el roce de su piel o cada vez que lo miras a los ojos, es la sensación más increíble que alguien puede llegar a experimentar. Y es que ella está loca e incondicionalmente enamorada de Guillermo.
Decidido, si él va a sorprenderla, Andrea no va a hacer menos con él. También quiere sorprenderle, aunque no lo hará con ningún regalo, sino como ella siempre lo ha hecho. Con su imagen.
Hay muchas cosas que Guille no sabe de ella. Por ejemplo, Guillermo vive por y para el rap, no hay otro tipo de música presente en su vida. Le apasiona. Lo nadie sabe, incluido su novio, es que esa música también forma parte de la vida de Andrea. El rap le ayuda a desconectar de los problemas, de los estudios, de los interrogatorios de su madre sobre ¿dónde has estado? ¿Por qué no me has llamado?…y a adentrarse en un mundo en el que ella es la protagonista, un mundo identificado con cada letra de las canciones. Un mundo mágico donde no existan las mentiras, los problemas, ni las paranoias.
Andrea se mira al espejo y chasquea la lengua mientras se toca el pelo. Le encantan sus rizos, pero es hora de cambiar. Abre el armario y saca su plancha del pelo y la enchufa en el único enchufe que hay en el baño. Ahora toca esperar a que se caliente, mientras tanto camina hacia su armario. Tiene claro con que sorprenderle. Elige una sudadera de Adidas blanco con el logotipo de la marca en color morado, unos vaqueros claros, unas zapatillas de la misma marca que la sudadera y una gorra de color rosa.
Corre al baño para terminar de arreglarse el pelo. Mientras se plancha sus rizos rubios tararea un tema de The Republic.
Un pitido le avisa que acaba de recibir un WhatsApp. Termina de alisarse el cabello y abre el nuevo mensaje. Es de Guille.


En media hora estoy en tu casa. Sé que falta mucho para tu sorpresa, pero antes tenemos un largo camino por delante. Sé que ahora estarás nerviosa mordiéndote las uñas. Y, seguramente habrás querido sorprenderme a mí con algo. Sabes que no hace falta, que no necesitas sorprenderme con nada para enamorarme. Porque eres lo mejor que me ha pasado en la vida, no lo olvides. Estoy desando verte, no sabes cuánto pequeña. Un beso.

A los pocos segundos le llega otro mensaje.

Pero no aguanto las ganas de oír tu voz.

Andrea se lleva se tapa la boca con las manos cuando ve el nombre de su chico en la pantalla de su Smartphone.
-Hola, pequeña- dice él al otro lado de la línea.









Huuoolaas mis pequeños lectores:) Siento mucho haber tardado tanto en subir este capítulo, pero estas vacaciones he estado en Barcelona con mi familia y casi no he tenido tiempo. Yo no estoy muy convencida con este capítulo, pero espero que os guste.
Besotes^^