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viernes, 25 de julio de 2014

Dime que no me quieres. Capítulo: 21

Capítulo: 21

Con la mano temblorosa, Andrea presiona dos veces sobre el botón del timbre de la casa de Matt. Inspira con fuerza y, lentamente, expulsa el aire por la boca intentando relajarse. Ha llegado la hora de hablar con él.
La puerta se abre dejando pasar un aire fresco que logra ponerle a Andrea los pelos de punta, aunque, ella duda de que sea el aire lo que lo provoca y no lo que está a punto de avecinarse. Un joven realmente alto de pelo moreno ligeramente despeinado y un piercing metálico en su labio inferior, aparece delante de la mirada azul de Andrea. Matt le sonríe con calidez y estira de ella antes de que ninguno pueda saludar. Un beso intenso y apasionado llega dejando a la muchacha sin respiración. Debe apartarse, no es justo para nadie.
-Matt – le llama en sus labios. Él le mira y deja un suave beso esta vez.
-No sabes lo que necesitaba esto- su respiración es agitada a causa del primer beso- te echaba de menos.
Andrea cierra los ojos con fuerza y deja caer su cabeza sobre el hombro del joven, abatida. ¿Por qué es tan difícil sincerarse con alguien? “Matt, no eres el único que ocupa mi corazón. Está dividido. Guillermo ha vuelto a aparecer en mi vida como un torbellino y sí, le quiero. Siempre lo he hecho de algún modo. Pero, también siento por ti, mucho” Eso es lo que diría alguien con agallas que sabe lo que quiere, alguien que haría lo imposible para que nadie resultase dañado, que olvidaría todo…Andrea no, ella no es así. Si escoge a Matt es Guille quien terminaría hecho polvo. Si escoge a Guillermo, Matt saldría dañado. Y, si ella decide olvidar a los dos, se vería envuelta en un mar de decepción y lágrimas porque ha dejado pasar a dos personas maravillosas. Aunque, de alguna forma, lo merece. No ha sido clara desde el principio y eso conlleva unas duras consecuencias.
Andrea vuelve a centrar su mirada en el muchacho argentino.
-Matt- le llama por segunda vez- hay algo que debo contarte.
Él le mira desconcertado y cierra la puerta. Juntos, caminan hacia la habitación del joven. Matt se sienta en el borde de su cama, esperando a que su novia empiece a hablar.
-Verás- suspira antes de contar nada e intenta armarse de valor- antes de nada, quiero que sepas que no me siento valiente ni orgullosa de decirte nada de esto. Más bien, me siento una miserable…estoy hecha un lío, Matt. No sé a quién pertenece mi corazón.
-Andrea…
-Guillermo ha vuelto. Todo lo que llegué a sentir por él ha venido a mí con la misma fuerza con la que un tornado arrasa con todo lo que encuentra en su camino- la voz de Andrea tiembla, al igual que lo hacen sus piernas. Los ojos castaños de Matt no apartan la vista de los de la joven. Su expresión es seria, la más seria que ella había visto en un persona. Está dolido, se siente traicionado y lo entiende. Ella y su estúpido corazón tienen toda la culpa.
-¿Le quieres?- se limita a pregunta el muchacho en un tono tan frío que asusta.
Andrea no es capaz de formular ni una sola palabra, únicamente asiente con la cabeza. Acto seguido, una lágrima desciende por su mejilla.
-¿Por qué lloras?- le pregunta Matt pillándola desprevenida, no se esperaba una pregunta así. Andrea traga saliva e intenta calmarse.
-Te he mentido, traicionado…pensaba que podía engañar a mi corazón, pero él siempre es más listo que yo. Siento tanto por ti como por Guille. Cada uno me aportáis algo distinto, sensaciones que me llenan por dentro. Lloro por eso…porque no puedo vivir con todo lo que ambos me dais, sería una egoísta si lo hiciera…
Matt se levanta de su cama y se acerca a ella. Coloca sus manos en los hombros de Andrea y los acaricia con su dedo pulgar.
-Ya conoces mis sentimientos hacia ti.- le asegura él- Desde que crucé mi mirada con la tuya algo dentro de mí me dijo que no debería dejarte escapar, ahora esa misma voz, me dice que tengo un cincuenta por ciento de posibilidades de perderte. Lo sé, ojalá nos hubiésemos conocido antes…pero la vida nos maneja a su antojo, somos sus títeres y no siempre la función termina con un final feliz. Andrea, tú eres quien decide el final de nuestra historia.
-¿Cómo lo hago? Os quiero a los dos…- dice ella cabizbaja, pero Matt no tarda en hacer que le mire. Atrapa su rostro con ambas manos y clava sus ojos en ella.
-Una sola tarde con cualquiera de nosotros te hará decidir, da igual si son diez minutos o una hora. En esos momentos, déjate llevar por lo que sientas, solo así sabrás a quien escoger. Y, si no soy yo el afortunado, no sufras por mí. Podré presumir que los meses que he pasado a tu lado nadie tendrá la suerte de vivirlos con cualquier otra persona.
Andrea no tiene a sus lágrimas y solloza en el pecho de Matt que la abraza como nunca antes lo ha hecho. Tal vez, cabe la posibilidad, de que sea su último abrazo…
-Puede que suene imbécil por mi parte pero, queda con Guille. Si sientes que todo lo vivido anteriormente con él vuelve a ti de nuevo, ya sabrás cuál es tu elección. Si no, yo estaré aquí esperándote- le limpia las lágrimas del rostro con los dedos que, luego son los que rozan su cuello- Te quiero- susurra.
Y le besa, no como antes no es apasionado ni duradero, éste es dulce, tierno, lento…especial. Tal vez el último…


-No pensaba que fuesen a reaccionar así, Lucas. No tenía ni idea…
-Vero…ellos solo quieren lo mejor para ti…
-¡Tú eres lo mejor para mí! ¡Lucas, te quiero!- exclama ella- ¡Mis padres no pueden obligarme a esto! ¡Ellos no te conocen!
Un suspiro, por parte de él, se escucha al otro lado de la línea telefónica.
-Vero, ya conoces la vida que he llevado. Ni siquiera mi apariencia gana puntos para que tus padres desconfíen de que soy un buen chico…tal vez…
-¡No! ¡Ya basta! ¡He aguantado bastante antes con mis padres y no permitiré que estropeen lo que tanto tiempo he querido!- Verónica calma el tono de su voz- Tenerte…
-¿Piensas enfrentarte a ellos?- se alarma Lucas- Ahora estás enfadada, pero tiene que haber otro modo…
Vero cierra los puños de sus manos con fuerza hasta el extremo de sentir sus uñas clavarse en la piel. La furia y la rabia emanen de ella como lo hace el agua de un manantial.
-Haré lo que sea necesario, Lucas. Lo que sea.
Hace un día. En el salón de la casa de Verónica.
-¡Se puede saber qué horas son estas de llegar a casa!- grita la madre de Verónica a su hija.
-Mamá- mira el reloj de su muñeca- he llegado solo cinco minutos tarde, me entretuve.
-¡Ya lo creo que te entretuviste!- gritaba ahora su padre- ¡Estabas muy ocupada besándote con ese tipo! ¿No es así?
Vero rueda sus ojos y decide caminar hacia su cuarto. No quiere hablar de ese tema, para sus padres lo primordial es que se centre en sus estudios y un chico solo le distraería y sus calificaciones bajarían. 
-¡No he terminado de hablar contigo, Verónica!- grita su padre desde el pasillo. Con resignación, su hija vuelve y espera todos y cada uno de los gritos- ¿Dónde conociste a ese motero de pacotilla?
-Papá- le avisa- si quieres hablar conmigo sobre este tema antes quiero decir yo algo. Ese motero de pacotilla tiene un nombre, se llama Lucas y es mi novio desde hace unos días.
-¡No hace falta que me digas que ese era tu novio! ¡Dudo que te vayas besuqueando con el primero que pase!
-¿Qué te crees que soy?- grita Vero molesta. Hoy no quería discutir, solo meterse en la cama y recordar lo fantástica que había sido esa tarde junto a Lucas- Papá, estoy cansada. Buenas noches.
La muchacha intentó cerrar la puerta de su dormitorio, pero pronto su padre, esta vez acompañado de su madre, volvieron a abrirla.
-¿De qué lo conoces? ¿No es de tu clase, verdad?- preguntaba su padre con las mejillas encendidas de rabia.
-¡Qué importa eso!- chilla Verónica- Se llama Lucas, tiene dieciocho años y lo conocí en la piscina las pasadas Navidades. Nos hicimos muy amigos, quiero recordaros que la noche de Noche Buena fui a una fiesta en su casa donde celebraba su cumpleaños.
-¿La fiesta era de ese impresentable?- gritaron sus padres a la vez.
-¡Se llama Lucas! ¡No impresentable o motero de pacotilla!
-Seguro que bebe alcohol y está enganchado a las drogas…- mascullaba su madre por lo bajo, aunque Vero logro escucharlo y explotó:
-¡Cállate mamá! ¡Callaros los dos! ¡No tenéis ni idea de por todo lo que Lucas ha pasado!- aullaba- ¿Qué vais a saber? ¡Es mi vida! ¡Estoy loca por ese chico! ¡Le quiero! ¡Y no es ningún drogadicto, mamá! ¡Ahora dejadme en paz de una maldita vez!
-¡Tú eres quien no sabe nada!- gritaba su padre realmente enfadado- Hablas del amor como si los de tu edad fueseis unos expertos y no sabéis nada del tema. Adolescentes enamorados… ¡chorradas! ¡No sabéis que es amar! ¡Solo pensáis en pasarlo bien sin pensar! Verónica, tú no estás enamorada de ese tal…Lucas- el padre de la joven escupió el nombre del chico como si lo repugnase- solo es otro capricho tuyo…
-¡Un capricho!- grita ella- Mira papá, lo que has visto en la calle no es ningún capricho. Los adolescentes sentimos como cualquier otro adulto, incluso damos el cien por cien, mucho más que cualquier otra pareja de cuarenta años. Besarse, abrazarse, simplemente las miradas y todo lo que Lucas me transmite ¡eso es amor, papá! ¡Y pienso seguir sintiendo lo que siento por él! ¡No voy a frenarlo! ¡No puedo!
-Te prohíbo que te veas con ese chico, no es bueno para ti. Solo con verle una sola vez, sé que aspiras a alguien mucho mejor que él.- le comunicó su padre en un tono frío y cortante- No hay nada más que decir. Se acabó.
-¡No puedes hacerme eso!
-Buenas noches, hija- dijeron ambos, madre y padre, a la vez.
La puerta de la habitación se cerró de un portazo y Verónica permaneció inmóvil con la mirada perdida y las lágrimas resbalando por sus mejillas rosadas. No podían impedirle no pasar tiempo con él, no sentirle cerca, no probar sus labios mil veces más… Cansada y llena de impotencia y rabia, se dejó caer sobre la colcha de su cama y ocultó su rostro entre las almohadas. Ahí, desahogó todas sus lágrimas amargas, no tenía fuerzas para nada más.








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