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viernes, 25 de julio de 2014

Dime que no me quieres. Capítulo: 20

Capítulo: 20

Con extrema agilidad, Daniel mueve sus dedos sobre las teclas de su ordenador portátil. Lleva toda la mañana encerrado en su habitación con el ordenador sobre las piernas. La historia que tanto tiempo ha persistido en su mente por fin ha sido plasmada en papel. Una historia que siempre había querido escribir pero que nunca había tenido la suerte de narrarla con total sentimiento y seguridad.
It’s time de Imagine Dragons, su grupo favorito, suena en su móvil a todo volumen. Termina de escribir su última frase del día y descuelga la llamada:
-¡Hola Dani!- saluda eufórico una conocida voz al otro lado del Samrtphone. Guille.
-¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Qué tal va todo?
-Realmente bien, todo va según lo planeado- asegura Guille.
-¿A qué te refieres?- pregunta Dani desconcertado.
-Hablo de Andrea. Coincidí con ella ayer por la tarde en la calle. Lo hice, tío. Besé a Andrea.
Dani vitorea con gritos a su amigo al otro lado de la línea telefónica.
-¿Y ella? ¿Cómo reaccionó? ¿Qué va a pasar con su novio?
-Hagamos una cosa, quedamos en un media hora en Gran Casa y qué te parece si jugamos unas partidas a los bolos como en los viejos tiempos.
-¡Perfecto!- exclama Dani- Nos vemos allí.
Ambos cuelgan a la vez y la llamada finaliza.
Daniel abre su armario y escoge una camiseta de manga corta negra con cuello en forma de pico que se ciñe a su cuerpo una vez puesta y la acompaña con unos pantalones en color azul eléctrico. Se anuda sus Converse del mismo color que la camiseta y sale de la casa no sin antes despedirse de su madre y de su hermana pequeña, la cual está en el salón jugando al Just Dance 3. De un fuerte golpe, cierra la puerta. Ha quedado en verse con Guillermo en veinte minutos en la bolera de Gran Casa, el centro comercial. Como tantas otras muchas cosas, ese lugar, todos sus rincones, le recuerdan a ella. Han sido muchas las tardes que Paula y Dani han pasado juntos en aquella grande superficie, lejos de toda preocupación simplemente, porque estaban juntos. Solo ellos. Nada más. Una tímida sonrisa aparece en su rostro con solo pensar en su chica. Se muerde el labio inferior intentando reprimirla aunque le cuesta hacerlo. Siente mucho por ella, mucho más de lo que esperaba llegar a sentir. Paula ha revolucionado su vida, ha cambiado su rumbo…
Daniel mira hacia atrás y observa como el autobús se aproxima a la parada, no puede perderlo. Rápidamente, comienza a correr evitando los baches y deformaciones de la acera y, de sobras, llega a la parada. Sube pasando la tarjeta por el lector y se sienta en el asiento más cercano a la cabina del conductor.  Enciende su móvil y entre en WhatsApp. Tiene treinta mensajes de dos conversaciones.  Veintinueve de ellos son de un grupo que, él y otros escritores de su misma edad, decidieron crear a raíz de ser seguidores en Twitter. Nunca antes se habría atrevido a entrar en algo donde no conoce a nadie y mucho menos viniendo de una red social, pero no se arrepiente en absoluto. Con ellos puede compartir ideas, opiniones sobre sus propios relatos. Él es quien más tiempo llevo metido en este mundo de la escritura y se siente realmente bien dentro de ese grupo. Todos se comprenden y, aunque nunca se hayan visto en persona, está seguro de que puede llamarles amigos. Lee con rapidez los mensajes y contempla que el mensaje restante es de Paula.
Sé que estos días no he sido yo misma, he pasado por una serie de complicaciones que no me han resultado fáciles de llevar. No quise decirte nada para evitar que te preocupases por mí, sé que lo hubieras hecho. Quería decirte que he encontrado la solución para acabar con estos baches en los que mi vida se ha visto atrapada. Bueno, no te entretengo más, seguramente estés delante del ordenador y con millones de ideas que plasmar en la historia que, por cierto, ¿cuándo podré leerla?
Suspira y comienza a escribir:
Me gustaría volver a ver a aquella chica de la que me enamoré, de aquella risa que no cesaba cuando estábamos juntos. Quiero volver a aquellas tardes contigo, Paula. Y que esas tardes se conviertan en días enteros. Ya te lo dije, solo si tú quieres, me sentiré muy afortunado si me acompañas en mi viaje, en mi vida. Es tan inevitable que no me preocupe por ti, como es tan inevitable que deje de pensarte. Tal vez no sea la mejor medicina para tus días apagados y grises pero, nunca olvides que te quiero, Paula.
Envía el mensaje y rápidamente, se pone manos a la obra con otro. Esta vez más breve que el anterior:
La historia que tengo entre manos pronto tocará a su fin, no temas que serás la primera en leerla. Ahora me voy con Guille a la bolera. ¿Qué te parece si nos vemos esta tarde?
Sale de la aplicación y bloquea su móvil. Dani fija su mirada en la ventana del autobús y nota como, al cabo de un par de minutos, si teléfono móvil vibra en su mano. Ha recibido un nuevo mensaje de Paula:
Seguro que será un futuro best seller. Tienes un don, Dani. ¡Genial! ¿Quedamos a las 18:00 en la puerta del instituto?
Perfecto, nos vemos allí esta tarde.
Paula manda un último mensaje despidiéndose:
Te quiero mi escritor.
Daniel ríe al leer la despedida de su novia. Confía en que ha vuelto a ser la misma chica de siempre. Quien mostraba su blanca dentadura en una preciosa sonrisa, cuyas mejillas tomaban un tono rosado cuando le tenía cerca, quien se adentraba en la historia de un libro durante horas y horas, aquella que ocultada su rostro en el pecho del joven siempre que se fundían en un abrazo. Hace unas semanas, siempre que Dani envolvía a Paula entre sus brazos, era porque las lágrimas y el sentimiento de agonía se apoderaban de ella mientras que él se veía encerrado en una nube de preocupación e impotencia.
La molesta voz metálica del autobús obliga a Dani a salir del trance y, con un impulso, se levanta de su asiento y baja del vehículo. Con pasos ligeros, atraviesa las grandes puertas del centro comercial y se encamina hacia el lugar donde ha decidido verse con Guille, en la entrada a la bolera. Un largo tramo de escaleras mecánicas le conducen hasta allí. Guillermo le espera apoyado de espaldas a la pared de mármol. Se aproxima a él y éste le saluda:
-¡Daniel!- se chocan las manos  más tarde las estrechan- ¿Cómo va todo?
-Bien- contesta recordando su conversación de WhatsApp con Paula- muy bien. ¿Y a ti? ¿Cómo han ido tus días de vuelta a casa?
-Ya sabes lo que dicen; no hay nada mejor que estar en tu hogar. Además, mis días de bienvenida fueron inmejorables- una sonrisa pícara se forma en su rostro. Aquel beso con Andrea se adueña de su mente. Daría lo que fuera por vivir un beso más así con ella, por recuperarla…- Vamos, no puedo esperar más a machacarte a los bolos.
-Eso habrá que verlo.
Se dirigen al mostrador donde piden una pista en la que poder jugar dos partidas, la cual, no tardan en asignársela. Piden dos pares de zapatos del cuarenta y uno y se caminan hacia su pista correspondiente.
-¡Cómo pueden obligar a ponernos estas cosas de payaso!- se queja Guille señalando a los zapatos de la bolera. Se sienta en una de las sillas y se los calza.- Quitan todo mi encanto natural.
-No te pueden quitar algo que no tienes, amigo mío- ríe Dani mientras observa la cara molesta de Guille- Eres el primero en tirar, encanto natural.
El muchacho se levanta y escoge una bola granate de doce kilogramos.
-Observa al maestro- le aconseja.
Guillermo coge carrerilla estirando su brazo hacia atrás y, con una fuerte movimiento, lleva su brazo hacia delante ejecutando un tiro perfecto. La bola derriba todos los bolos. Pleno. Guille crea la forma de una pistola con sus manos y sopla mirando a Dani.
-Supéralo- le reta a su amigo quien se levanta y elige una bola de color verde manzana igual de pasada que la bola con la que Guille ha realizado su tiro.
-Vas a quedarte con las ganas de ganarme, pero no sufras, siempre te acompañará tu “encanto natural”- se burla Daniel y, esta vez, ambos comparten la risa.







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