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miércoles, 11 de junio de 2014

Dime que no me quieres. Capítulo: 14


Capítulo: 14

-Cuando llegará el día en el que no te propongas dame una sorpresa- ríe Verónica.
-¿Es necesario qué te responda?
-Me imagino que no, pero tendré que empezar a acostumbrarme. 
Lucas guía a Vero por las calles del casco viejo de Zaragoza. Ella camina ciega, con los ojos tapados por un pañuelo que el chico le ató para que todo fuese una sorpresa. Es su primera cita desde aquella noche en la que salió a la luz el principio de todo lo que ansiaban vivir.
-Ten cuidado, ahí hay un escalón- le advierte Lucas. Vero busca el peldaño con uno de sus pies, pero no logra dar con él. Bajo la oscuridad que le proporciona el pañuelo en sus ojos, escucha la leve y grave risa de Lucas quien, sin esperarlo por parte de ella, la eleva en sus brazos. Verónica ahoga un pequeño grito y, esta vez sin fallos, se agarra con fuerza al cuello de Lucas rodeándolo con sus delgados brazos. Despacio, vuelve a dejar a la muchacha sobre el suelo y coge de sus manos, soltándolas del cuello de Lucas. Sorprendida, recibe los labios del joven que le regalan un dulce beso a la vez que la acaricia con suavidad.
-Ya queda poco para llegar.- le asegura guiándole de nuevo. 
De la mano, caminan durante cinco minutos más hasta que se detienen y Lucas le pide a Vero que se quede ahí, quieta. Ella asiente con energía y siete como el muchacho se aleja de ella. Confusa y a la vez ansiosa, espera a que Lucas regrese. No quiere pensar en lo que le tiene preparado, seguramente no lo adivinaría nunca. Siente como sus piernas tiemblan y las manos le comienzan a sudar, así que intenta secárselas en sus vaqueros cortos mientras se tranquiliza. Suspira y nota como alguien vuelve a elevarla en el aire. Verónica grita e intenta quitarse la venda de los ojos para conseguir ver el rostro de aquel que la ha levantado. Con manos torpes comienza a sacarse el pañuelo, pero cede. Unos labios se han unido a los suyos como lo harían dos imanes de polos opuestos. Moviéndose al mismo compás, Vero siente el frío tacto del único piercing que Lucas tiene en el labio inferior. No cabe duda de que es él, su manera de besar…lo es, sin duda.
-¿De nuevo sorprendida?- susurra él.
-¡Y que lo digas!
-Pues espérate cuando veas lo que te tengo preparado.
Lucas le regala un último beso y camina, todavía con ella en sus brazos, hasta una pesada y entreabierta puerta metálica del local en el que Lucas y su banda ensayan. La  termina de abrir con una leve patada. Una vez dentro, posa a Vero sobre el suelo y cierra la puerta. Dentro hace un poco de fresco y en el ambiente se nota algo de humedad. Lucas coge la mano de su novia y la guía hasta un viejo sofá donde ella se sienta con cuidado. El joven se aleja de ella y enciende una intensa luz que alumbra el centro del local. Se coloca, sentado en un negro taburete, bajo el foco de luz con su guitarra apoyada en una de sus piernas y con sus dedos de la mano izquierda ya listos en la primera nota. Respira hondo y mira a Vero, quien, inquieta, mueve las manos sobre su regazo.
-Ya puedes quitarte la venda de los ojos- anuncia Lucas con voz temblorosa. Debe admitir que está nervioso.
Vero resopla aliviada y se desata el nudo que sujetaba el pañuelo y, justo antes de quitárselo definitivamente, la sueva música procedente de una guitarra comienza a sonar en la sala. La cual, Vero reconoce al instante de abrir los ojos. Centra su mirada en el cuerpo de Lucas, sentado sobre aquella butaca mientras, concentrado, se prepara para cantar. Y así lo hace. Su voz grave, pronunciando un perfecto inglés, se desenvuelve a son de la música. Vero nunca antes había escuchado aquella canción, ni siquiera la suena de haberla oído antes en algún otro compositor… Atenta, intenta captar la letra de la canción y traducirla en su mente. No puede ser…Absorta en la imagen de su chico interpretando su composición, se emociona como nunca antes lo había hecho con una canción. Y es que esta es especial, distinta, es para ella…
Lucas cierra en final de la interpretación con un suave roce en las cuerdas de la guitarra y mira a Verónica. Una pequeña y brillante lágrima desciende por la mejilla de la muchacha quien, veloz, se levanta del sofá y le abraza con fuerza, ocultado su rostro entre el hueco de su cuello. Lucas sonríe y acaricia la larga melena castaña de Vero. Ninguna otra persona sobre la Tierra conoce la existencia de esa canción, solo la persona a la que va dedicada. Verónica. La letra se centraba en ellos, en cómo se conocieron, aquel día lluvioso de las vacaciones de Navidad, aquella primera mirada…
-Compuse esta canción hace varias semanas, desde entonces, deseaba que llegase este momento para interpretarla exclusivamente para ti.
Vero se separa de él y le besa mientras él coloca sus manos a ambos lados de la cintura de la joven.
-Ven- le dice Lucas cogiéndole de la mano- aún no se ha terminado la sorpresa.
Incrédula, se deja guiar por él. De nuevo, vuelven a salir al exterior y se dirigen a subir unas largas escaleras de metal que llevan a la azotea del edificio. Una vez arriba, Lucas sujeta ambas manos de Vero.
-¿Por qué me has traído aquí?- pregunta ella curiosa.
-Si has escuchado bien en la canción de antes- le explica él- había una estrofa en la que decía que no pienso permitir que el mundo te aplaste. Así que…-Lucas le señala el horizonte de manera que ella se gira sobre sí misma. Siente como los fibrosos brazos de su novio le rodean, por detrás, la cintura y apoya la barbilla en el hombro de la muchacha- que mejor que ver el mundo en su forma más diminuta, sintiéndote quien lo domina.

Verónica acaricia, sin despegar la vista de la cuidad, las manos de Lucas que siguen aferradas a su cintura. La anaranjada luz del atardecer cae sobre los altos edificios, reflejándose en los ojos de los dos adolescentes que, en segundos, concentran sus miradas el uno en el otro. Lucas examina el rostro de la joven con detenimiento y, sin resistirse más, acerca su boca a la comisura de los labios de ella hasta terminar uniéndolos en un beso cálido, lleno de sentimiento. 





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